Sagrada Familia del pajarito de Bartolome Esteban Murillo. Hacia 1650
Sagrada Familia del pajarito de Bartolome Esteban Murillo. Hacia 1650

Así como el día de la madre es una fecha casi “sagrada”, inamovible en el calendario, 10 de mayo, al menos en nuestro país, tampoco se quiso dejar  atrás la celebración del día del padre, claro que con una diferencia, porque lo celebramos el tercer domingo de junio, fecha siempre movible en el calendario. Si le preguntamos a un mexicano qué significado tiene la madre para ti, con seguridad, casi el 99% nos diría: “La madre significa todo! Y, ¿el padre? Ahí es donde las cosas cambian, si no radicalmente, sí con una diferencia abismal con el significado de la mujer que nos trajo al mundo.

En las sociedades modernas hay tal grado de complejidad que han superado la capacidad de gestión y de control del hombre, que lo han transformado en un personaje cada vez menos esencial, a veces, irrisorio. Alguien que podía fracasar y fracasó. No es un dios, sino un simple mortal, débil, que llora y pide auxilio. De ahí el eclipse de la figura tradicional del padre. Incluso, podríamos decir, que la imagen que se tenía del padre como hombre trabajador se está desvaneciendo; su profesión se vuelve cada vez más invisible para el hijo. Muchos factores han influido y enumerarlos nos llevaría tiempo en este espacio. Sin embargo, cabe mencionar que la división social del trabajo, la distancia entre la casa y la empresa o la oficina, la condición de empleado asalariado, la influencia avasalladora de los medios sobre los hábitos sociales y familiares, han destruido el aurea de autoridad paterna. El padre se ha rebajado al nivel de un eslabón irrelevante en el complejo engranaje de la sociedad. La crítica anti-patriarcal se ha convertido en una crítica anti-padre, lo que ha acarreado una pérdida considerable para la familia y para los hijos.

Un conocido investigador –M. Juristisch-, de la sociología de la paternidad afirma: “La sociedad patriarcal es sustituida por la sociedad sin padre o por una sociedad fraternal que desempeña funciones anónimas y es dirigida por fuerzas impersonales”. No pensemos que esto significa una gravedad o algo similar, es propio de las modernas sociedades masificadas. Hasta la Reforma  protestante, el matrimonio era tenido como sacramento, como algo, por tanto, que tenía que ver con los sagrado, con Dios, con la gracia. El padre era considerado, de alguna manera, reflejo del Padre celestial, y por eso era objeto de respeto y estaba investido de autoridad. Lutero, le quitó el carácter sagrado al matrimonio, según su manera de pensar. De este modo, se destruyó, pues, todo un aparato simbólico que confería dignidad y centralidad al padre y comenzó a valer la función paterna de proveedor.

No es nuestra intención hacer un estudio antropológico y social de la figura del padre. Nos hemos referido sucintamente a los cambios que esta figura ha sufrido en el correr de los años. Sin embargo, está en nuestro interés  traer en esta fecha entrañable, una figura que para los creyentes tiene un significado especial. Nos referimos a san José,  padre ejemplar. ¿En qué sentido nos puede ayudar la figura de san José en una sociedad como la nuestra donde hemos visto como se degrada la imagen paternal?  Conviene recordar que san José, además de figura histórica de padre de Jesús y esposo de María, se ha transformado en una arquetipo poderoso. Como tal, asume un carácter colectivo e irradia fuerza en las mentes de los cristianos, para quienes la figura de san José tiene un gran significado existencial.

Tampoco es nuestra intención comparar modelos de padre, el de san José y el contemporáneo. Son tan distintos que prácticamente no hay puntos que los iguale. Pero lo que sí nos interesa son las actitudes, los valores y las virtudes que encarna san José  en su vida para los padres contemporáneos. Estas son humanas y pueden ser fuente de inspiración para nosotros hoy. Revelan un padre en la plenitud de su paternidad. No lo dice con palabras, pues nada dijo, mejor dicho, nada está escrito en la Biblia que pronunciara una sola palabra, sino con sus ejemplos, que hablan de lo más alto y más claro que cualquier palabra.

Como hombre, novio y esposo de María, irradió el principio antropológico del padre. Eso aparece en distintos momentos de su actuación. En primer lugar, mostró una virtud importante de todo padre: ante un problema complejo, como el misterioso embarazo de María, toma una decisión y crea lo nuevo: lleva a María a su casa.

Como padre, mostró un sentido fuerte del deber: se fue con ella a Belén para censarse, tal como había sido decretado por los romanos; la acompañó en el parto en la gruta de Belén, con todos los cuidados que exigía la situación; después cumplió con ella el deber religioso de ir al Templo para la purificación y la presentación del Niño, así como las peregrinaciones anuales a Jerusalén con ocasión de la Pascua…

También como padre mostró valor para afrontar los riesgos de la persecución de Herodes, todo la dificultad que significó una huida precipitada al exilio egipcio, el regreso y la decisión de esconderse con la familia en Nazaret, al norte del país. Así mismo, como padre, ejerció autoridad e impuso límites, como se ve cuando Jesús se perdió en el Templo, donde el texto bíblico dice que: “les estaba sumiso”, es decir, les obedecía. Porque obedecer es acoger la voluntad del padre, aceptar los límites que éste impone. Además, pertenece a la función del padre ser puente entre la familia y la sociedad. En definitiva, la paternidad sana y vigorosa de José fue la base para la experiencia espiritual de Jesús, que llamó a Dios Abbá, es decir, padre-papá, lo que significa que vivió una experiencia similar, de extrema intimidad, con su padre José.

Los comportamientos de José como padre, analizados con las categorías disponibles en nuestra cultura, permiten, sin pietismos ni llamamientos moralistas, presentar a José como una figura ejemplar de la que podemos aprender y sacar sabias lecciones también para los padres del siglo XXI, que viven en un modelo de civilización muy diferente y buscan una identidad adecuada para este tiempo. San José, su modo de vivir la paternidad puede enriquecer la identidad de los padres y suscitar en ellos osadía para enfrentar los desafíos de la sociedad moderna, especialmente en la fase de globalización de la humanidad.

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