Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, llamó a los electores a no dejarse “contaminar” por la publicidad, sino analizar la coherencia de vida de los candidatos y las garantías que dan para cumplir sus ofrecimientos.

“Hay que conocer a sus aliados, porque si éstos son turbios, violentos e irresponsables, hay que desconfiar”, advirtió el prelado en su mensaje semanal.

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Destacó que todos los candidatos, sobre todo los presidenciales, prometen acabar con la corrupción, la violencia, la inseguridad, la pobreza y “todas las plagas sociales que nos aquejan”.

Para lograrlo ofrecen crear empleos, mejorar salarios, atención al campo, apoyos a los menos favorecidos, becas a estudiantes, policías más eficientes, un ejército respetuoso de los derechos humanos, combate frontal a la delincuencia, etcétera. Y “todo eso está muy bien. Pero anteriores candidatos han ofrecido lo mismo, y no lo cumplieron a cabalidad. Por ello, hay tantas inconformidades y desconfianzas”.

Felipe Arizmendi, sin embargo, hizo ver que “la inseguridad, la violencia, la corrupción y los demás males no llegan solitos ni sólo por el atractivo del dinero fácil y rápido o por culpa del gobierno, sino que tienen hondas raíces en la falta de familias bien integradas y en una evangelización superficial”.

Reprochó que “se han propiciado leyes y prácticas contra la vida y la familia y con ello se ha arruinado nuestra sociedad. Hijos sin padres, hogares violentos, falta de educación en valores morales desde la familia, inestabilidad emocional de los hijos, divorcios al por mayor, separaciones sin razones profundas, infidelidades conyugales, legislaciones abortivas, escenas televisivas de parejas superficiales y libertinas…

“Todo esto ha propiciado que muchos adolescentes y jóvenes se desmoronen, pues no tienen bases sólidas de amor, verdad y servicio, sólo buscan el placer. Nada ni nadie les importa más que ellos mismos. Se integran a bandas delictivas y son un peligro para la sociedad. Carecen de una familia estable y armoniosa, que los defienda de atractivos falsos que los enganchan y engañan”.

¿Quién de los candidatos procede de una familia estable y armónica? ¿Quién garantiza la protección de verdaderas familias? ¿Quién vive con valores confiables y no sólo de propaganda?, cuestionó.

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