1. Tahoísmo:

Alrededor de 30 millones de hombres, la mayoría chinos, practican esta filosofía-religión formulada por un individuo cuya fisonomía está escrita en penumbras. Lao-Tse nació tal vez en 604 a.C. y se le atribuye la obra fundamental de esta confesión: el Tao Te Ching. El Taohísmo preconiza el sometimiento del hombre al Tao, es decir, al curso eterno de los acontecimientos. Reprueba las luchas humanas y aconseja la humildad. Como preceptos exige no matar, no beber alcohol, no mentir, no robar y no cometer adulterio. Recomienda como virtudes la piedad filial, lealtad, bondad hacia las criaturas, paciencia, sacrificio de sí mismo a los pobres, liberar a los esclavos, plantar árboles y hacer caminos, enseñar al ignorante y hacer ofrendas a los dioses.

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El Tahoísmo promete la inmortalidad y admite la metempsicosis.

2. Budismo:

Doctrina filosófica fundada por Buda en la India, cuyo problema básico consiste en suprimir la causa del dolor mediante la aniquilación del deseo. Los budistas creen que sólo pueden alcanzar la divinidad gradualmente, que la materia es eterna y que está en constante reposo. Para Buda el ideal supremo está en la extinción de todo deseo, en el nirvana, indiferencia ante la vida y la muerte, ante el dolor y el placer. En el siglo IV de la era cristiana se convirtió en la religión oficial de China.

Dado que creen en la reencarnación, todos los budistas deben aceptar la responsabilidad de la manera en que ejercen su libertad, ya que las consecuencias de la acción pueden ser vistas en vidas posteriores.

Los budistas generalmente creman a sus muertos con el fin de que el alma pueda ser liberada del cuerpo para entrar en su siguiente existencia. Normalmente no hay ninguna creencia solemne final, con excepción de que el cuerpo debe ser envuelto en una sábana lisa, sin ningún símbolo. Aprecian la presencia de un sacerdote budista a la hora de la muerte.

3. Hinduismo:

El hinduismo, considerada una de las religiones más antiguas del mundo, surge de la religión védica, que se convertiría en el brahmanismo años más tarde con la llegada de los arios del Cáucaso, los emigrantes de Malasia, Babilonia e Irán. El hinduismo tiene una edad de al menos 3,500 años.

En la época védica se pensaba que al morir, el cadáver era devorado por la pira funeraria, pero sus múltiples almas (asu, atman, manas) pasaban al mundo de los muertos, al reino de Yama. El reino de Yama es el lugar donde van los buenos, “el más alto cielo, en el sol”, lugar de gran belleza y felicidad, donde abundan los alimentos más preciados. Centro de reunión con los familiares y la gente del pueblo que ha muerto. El muerto adquiere un nuevo cuerpo renovado, una especie de “doble”. Al infierno van los malos donde “quedan sentados en un río de sangre”.

La existencia está conformada por ciclos de reencarnaciones. Su símbolo es una rueda, la cadena sin fin del renacer. En la concepción hinduista, las almas van adquiriendo su condición divina, animal o humana, según sea el momento del proceso en que se encuentre, en función de la ley del karma, consistente en un principio de retribución: quien la hace la paga. Bajo esta ley del karma la existencia es el resultado del premio o castigos acumulados en las vidas anteriores.

La muerte sería una oportunidad de “ir pagando la deuda”, de avanzar en el proceso evolutivo hacia la liberación, que sólo llega cuando uno se libera de los deseos.

4. Islamismo:

En el momento de la muerte, las últimas palabras en labios de un musulmán deberían ser “no existe ningún otro Dios que no sea Alá y Mahoma es su profeta”. Después del deceso, el cuerpo no puede ser tocado ni lavado por nadie que no sea musulmán. Se le voltea la cabeza hacia el hombro derecho, para enterrarlo con la cara hacia la Meca. Muchos no manifiestan sentimientos de dolor, porque puede ser visto como una señal de falta de fe en Alá. Ya que es una religión basada en la justicia propia, los musulmanes a menudo piensan sobre el Día del Juicio, en donde creen que Alá (o un ángel) sacará una báscula y pesará los hechos de la persona. Su esperanza es que sus buenas obras pesen más que las malas, pero aun así Alá juzgará de acuerdo a su voluntad y no de acuerdo al juicio. Otra interpretación es que las obras están escritas en un libro. El día del Juicio Alá abrirá el libro y sumará la cuenta de dicha persona y entonces será colocada en su mano derecha o izquierda. La única manera de asegurar el paraíso es morir como un mártir durante una guerra santa islámica (Jihad).

5. Judaísmo:

La religión y la cultura judía están mezcladas y no todas las familias son ortodoxas. El judaísmo enfatiza el valor de la vida y cuando se acerca la muerte no hay ninguna necesidad particular de que un intermediario proporcione los últimos ritos y, por tanto, un judío agonizante puede solicitar no ver a un rabino. Cuando la muerte ocurre, hay una manera respetuosa y especial de tratar el cuerpo y no se permite ninguna mutilación del mismo a menos de que haya alguna disposición legal definida para realizar la autopsia. El funeral se lleva a cabo generalmente en el transcurso de las 24 horas o tan pronto como sea posible y el cuerpo, por lo general se entierra.

El judaísmo es la religión de la alianza entre una tierra santa, un Dios y un pueblo. La religión es de los que se sienten herederos de esa tierra, escogidos por Dios y descendientes de ese pueblo.

En el judaísmo todo lo relacionado con la muerte es impuro, por lo que cuando alguien muere, dependiendo del sexo del difunto(a), un compañero o compañera lava el cuerpo de manera especial lo amortaja y se coloca en un ataúd sencillo.

Consideran al hombre como un ser mortal por naturaleza, lo que separa lo divino de lo humano es la muerte, siendo que la muerte proviene de Dios. Lo que Dios promete se recibe durante la vida, sin embargo no se anula con la muerte. Cuando los judíos contemplan la muerte, ven la vida; cuando contemplan la vida, ven a Dios. Vivir es conversar con Dios y morir es el silencio final en el que no hay nada que decir, ni ninguna razón para escuchar.

6. Cristianismo:

Para el mundo cristiano es a través de la muerte de Jesús que la humanidad se ha reconciliado con Dios. También que por la resurrección de Cristo, Él salvó al mundo de la muerte y el pecado y da nueva vida a quienes crean en Él.

En el Catecismo de la Iglesia Católica leemos: “La muerte es el final de la vida terrena. Nuestras vidas están medidas por el tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la muerte como terminación normal de la vida. Este aspecto de la muerte da urgencia a nuestras vidas: el recuerdo de nuestra mortalidad sirve también para hacernos pensar que no contamos más que con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida”.

Con la muerte se pone fin a nuestra peregrinación aquí en la tierra, pero gracias a Cristo la muerte cristiana tiene un sentido positivo, como dice San Pablo “para mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia” (Fil 1,21), “Si hemos muerto con Él viviremos con Él” (2Tim 2,11).

Después de la muerte cada uno tendrá su juicio de acuerdo a sus obras y, como consecuencia de éstas, la salvación o la condenación.

Esto pudiera sonar una tanto amenazante, el Dios justiciero que castigará a los malos por sus obras (con el infierno) y premiará (con el cielo) a los buenos por las mismas.

Desde fuera del cristianismo esto se cuestiona. ¿Cómo puede un Padre amoroso imponer tal castigo, el infierno, a un ser tan frágil y sobre toda tan breve en su duración, al cual le faltaría tiempo y ritmo pedagógico para aprender la lección del bien y del mal? Como quiera que sea el Juicio Final, el fin del mundo, el creyente espera el juicio de vivos y muertos.

El mensaje cristiano es una invitación a actuar como Jesucristo, hijo de Dios hecho hombre, enviado por el Padre que en verdad lo viésemos y fuéramos capaces de identificarnos con Él, la divinidad hecha hombre.

Jesús persistió en el anuncio de su Padre, aún cuando era evidente hacia donde lo llevaría: la muerte. Una muerte terriblemente dolorosa, humana, en soledad; los discípulos huyeron; fue agredido por grupos sociales y religiosos. ¿No nos recuerda esto a tantos enfermos terminales rechazados, escondidos, por tener enfermedades como el SIDA, etcétera?

Esta muerte así, la de Jesús el hijo de Dios, tan humana nos acerca a un Dios al cual podemos ver, conocer, identificarnos con Él por medio del Hijo.
Esta es una de las grandes diferencias con las otras religiones: en el cristianismo tenemos un Dios Padre al que podemos llamar por su nombre, un Dios cercano, alcanzable. El cristiano tiene una relación personal Tú-Yo con Dios, y de esa misma manera será en la vida eterna. No es fundirse con el Todo, como en otras religiones, es estar con el Padre, desde la propia unicidad.

Jesús muere de esa manera, porque da testimonio de un Dios que no se dobla ante los intereses humanos.

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