El presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Santiago Silva Retamales, publicó un editorial en que reitera la petición de perdón a las víctimas de abusos sexuales en su país por parte de integrantes de la Iglesia, a la par que ruega con insistencia que los delitos se denuncien ante la justicia, pues “¡la Iglesia no es lugar para delinquir!”.

Silva Retamales señala que, en esta etapa, “el más importante de los valores es la reparación a las víctimas en justicia y misericordia”, y agrega que cuando hablan de vergüenza lo hacen con sinceridad, “porque la Iglesia no fue constituida por Jesús para generar daño, y un daño de tal magnitud”.

En esta reflexión posterior a los encuentros con el Papa Francisco en El Vaticano y a que todos los obispos chilenos presentaran su renuncia, dice Santiago Silva, “nos quedó claro (…) que la vida de obispos y sacerdotes no siempre corre por los cauces del Evangelio. Nos apartamos de ellos por nuestros errores y, lo que es más grave, por la comisión de delitos como los abusos de menores”.

Véase: Conferencia episcopal de Chile, Editorial, Tiempo de diálogo y renovación

Proceso de depuración

El proceso de depuración de la Iglesia chilena no tiene un plazo fijo, pero Francisco advirtió en un documento que entregó a los prelados chilenos que la remoción de personas no es suficiente y hay que ir “más allá”.

Entre los 34 obispos están varios de los acusados de encubrir durante décadas los abusos cometidos por el sacerdote Fernando Karadima; se espera que el Papa dé de baja a al menos unos 10 prelados para abrir una nueva era en la Iglesia chilena.

La reunión del Papa con los obispos chilenos fue gélida, duro poco más de 30 minutos, sin diálogos; Francisco sólo les dijo que tenían que rezar y meditar.

El silencio fue profundo, lo único que vimos fue la fotografía, escribe Carla Pía Ruiz Pereira en La Tercera.com de Chile, “podría ser una foto cualquiera, excepto por un detalle: en ella no se ve a ninguno de los prelados usando sotana, que es reglamentaria a la hora de entrevistarse con el Papa. Pero esa reunión no era una entrevista, era una reunión de trabajo”.

Agrega que el miércoles 16, un día después de la primera y breve reunión, el Santo Padre realizó una audiencia pública. “Lo normal es que el Papa invite a quienes se encuentran en El Vaticano, en especial si son obispos, pero ningún prelado chileno fue invitado. Menos se les ofreció celebrar, como es usual, una misa con él. Además, y haciendo una gran diferencia con el trato que tuvo con los denunciantes de Fernando Karadima, tampoco se les invitó al Angelus del día domingo 13, cuando ya varios prelados se encontraban en Roma”.

Como consecuencia de la reunión en Roma, según documenta el vaticanólogo Andrea Tornielli en su web Vatican Insider (citando Il Sismografo), el obispo chileno de Rancagua, Alejandro Goic, en su calidad de presidente de la Comisión Episcopal para la Prevención de Abusos Sexuales por parte del Clero, se vio obligado a suspender del ministerio a 15 de sus 68 sacerdotes (22 por ciento del clero diocesano), “porque se sospecha que están implicados en una red de abusos de menores y de intercambio de material pornográfico”.

Goic recién regresó de Roma y es uno de los prelados que puso en la mesa su renuncia, pero él no está en la lista negra. Nos preguntamos ¿por qué actuar hasta después de que el papa les leyó la cartilla? ¿Cuántos sacerdotes “pecadores” hay en la Iglesia Católica de Chile? ¿Cuántos en Estados Unidos, Italia, Alemania, Perú..? ¿Cuántos en México?

Seguramente en todas partes están siguiendo los hechos de Chile, en nuestro país hay más de 16 mil sacerdotes, ¿cuántos de ellos serán pederastas? ¿cuántos obispos encubridores?

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