La Iglesia Católica cerró el mes de enero de 2020 en medio de algunas sacudidas, entre las que destacan las secuelas de la discusión mediática sobre el celibato que generó la celebración del Sínodo de la Amazonia en octubre pasado (Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica, 2019). Y mientras se espera que Francisco publique en los días que corren la correspondiente exhortación “post-sínodo” (Bastante, Jesús, 2020), el mundo asiste con curiosidad y expectación al aparente enfrentamiento entre “dos iglesias” dentro de la gran institución católica: una sin duda conservadora, representada por el papa emérito Benedicto XVI, y otra presuntamente progresista, que tendría al frente al sumo pontífice en funciones.

La opinión pública global cuenta ahora con una decodificación hollywoodense de este supuesto enfrentamiento en el seno de la cúpula vaticana a través de la película Los dos papas, lanzada en diciembre de 2019 en Netflix. (Meirelles, 2019)

Mediante diálogos improbables por ingenuos, amenos y directos, los realizadores celebran el talante de un Francisco de avanzada y apegado a los tiempos que corren, frente a un Joseph Ratzinger anquilosado que piensa en el dogma antes que en la fe, en la institución antes que en las personas y que aspira a una Iglesia monolítica e infalible como la que deseó Juan Pablo II en su emulación de Pío IX, esa que anhelaría “volver a la gran disciplina anterior, proveniente del Concilio de Trento (1545-1563) y del Concilio Vaticano I (1869-1870)”. (Boff. Leonardo, 2020)

Un testigo de excepción, el célebre teólogo brasileño Leonardo Boff, ha decodificado a su vez en varios escritos recientes el enfrentamiento retratado en el filme, a su muy particular manera y desde “el privilegio de conocer personalmente a los dos Papas”, amén de la legitimidad que le otorga entre amplios sectores de la izquierda mundial el ser un referente principal de la Teología de la Liberación. El primero y más significativo de esos textos es el titulado Los dos papas, dos modelos de hombres, dos modelos de Iglesia, publicado nada menos que el 6 de enero, día de la celebración de la fiesta de la epifanía.

Boff usa ese lugar de enunciación privilegiado para intentar apelar a una conciliación entre esos “dos modelos de Iglesia”, demostrando cuán “humanos, profundamente humanos” son estos “dos modelos de hombres” que “tienen su lado positivo y también su lado oscuro”, como cualquier mortal.

Y es precisamente en ese intento de humanizar a ambos vicarios de Cristo en que surgen indicios de que nuestro celebrado teólogo de “El Tao de la Liberación” busca, sí, problematizar la muy terrenal política vaticana que se debate efectivamente entre (por lo menos) dos grupos de poder, pero quizá llevando demasiado lejos su carácter antagónico, ofreciendo “el remedio y el trapito” para una pugna que si bien existe, está muy lejos de llegar a encarnar dos paradigmas, o más lejos aún de representar “dos formas diferentes de realizar la humanidad”, las cuales sería menester unir con buenos oficios político-teológicos, pues al final de cuentas “se complementan”. (Boff. Leonardo, 2020)

La empresa de Boff no está exenta de peligros argumentativos que devienen precisamente de su locus enuntiationis, siendo el principal de esos peligros el intento del teólogo brasileño por equiparar los quereres que ambos pontífices le han dispensado a lo largo décadas de relación ciertamente estrecha, mas no igualmente fraterna.

La reseña propiamente cinematográfica deja paso a un recuento autobiográfico que no sorprende en cuanto a la pública amistad y cercana colaboración de Leonardo Boff con Jorge Mario Bergoglio —colaboración que tuvo un punto culminante cuando vio la luz el documento más importante publicado hasta ahora por el papa Francisco: la encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la casa común (Francisco, 2015) en el que no pocas personas supimos ver la impronta inconfundible del autor de Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres—, pero ese recuento se interna en terrenos pantanosos cuando Boff intenta rectificar sus dichos y juicios del pasado reciente sobre un Joseph Ratzinger que identifica como “prefecto del ex Santo Oficio, ex Inquisición”, para luego no dudar en calificarlo, ya como Benedicto XVI, como un “papa frustrado… contaminado por el bacilo romano” del conservadurismo.

Es así que, con el análisis de la película, convertido en pretexto, Leonardo Boff se erige en un misericordioso emisario de paz que busca construir una épica amorosa para una batalla que vendría a ser “una hermosa metáfora de la condición humana, con dos formas diferentes de realizar la humanidad, que no se oponen sino que se componen y completan, una con ternura y la otra con vigor”.

Y en semejante épica no cabría, claro está, un liderazgo católico que “será estigmatizado… como el papado donde aumentaron los pedófilos, los homoafectivos no fueron reconocidos y las mujeres fueron humilladas y marginadas”, como Boff afirmó en una entrevista de 2013, pero sí un papa que mostró simples “indulgencia y leniencia con los pedófilos”, postura que, faltaba más, sería oportuna y “fuertemente criticada por el cardenal Bergoglio como aparece claramente en la película”.

En aquel 2013 nuestro teólogo de la liberación no evitó recordarnos que en 1984 tuvo que enfrentar al juez Ratzinger “en el proceso del ex Santo Oficio” contra su libro Iglesia: carisma y poder, y que tuvo que sentarse “en la silla donde… se sentaron Galileo y Giordano Bruno” para luego ser sometido “a un tiempo de silencio obsequioso”, que lo obligó a dejar su cátedra y le impidió “hablar o publicar cualquier cosa”, pero no sólo a él, sino que “el entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio, ex Inquisición), el cardenal Joseph Ratzinger condenó, silenció, depuso de la cátedra o transfirió a más de 100 teólogos”, lo que coloca a este “papa autoritario… a años luz de la práctica de Jesús” (Periodista Digital , 2013)

En cambio, el papa emérito que Boff nos describe en su texto del día de la epifanía de este 2020 es bien distinto, y la Congregación para la Doctrina de la Fe ya no es la “ex Inquisición”.

Ahora “el profesor Ratzinger es una persona de trato finísimo” que, si bien padeció “la ingrata misión” de sentar al propio Boff en la misma silla que Bruno y Galileo, tuvo a bien —como delató un mensajero a posteriori— votar a su favor, aunque su voto haya sido el perdedor. Benedicto XVI ya no es el protagonista de “los escándalos de filtración de documentos secretos de la mesa del Papa y del Banco del Vaticano, usado por los millonarios italianos, algunos de la mafia, para lavar dinero y enviarlo fuera”, sino que es un hombre que se da el lujo del humor al referirse al propio Boff ante la prensa como “ein frommer Theologe (un teólogo piadoso) que algún día profundizará su verdadero camino teológico”.

El hombre que escribió el libro condenado, Iglesia: carisma y poder, acepta con teológica compostura el sarcasmo papal que lo envía a buscar la mejor versión de sí mismo a un futuro redimido, y afirma que a pesar de todo, él y su inquisidor de antaño nunca dejaron de ser amigos, pues “la amistad es más fuerte que cualquier doctrina siempre humana” (Boff. Leonardo, 2020)

El cambio de visión de Boff sobre Ratzinger, como puede verse, va más allá del matiz: es un giro de fondo que lo coloca a él mismo ya no como simple espectador privilegiado por la cercanía personal con ambos personajes, sino como un protagonista.

El análisis de la película es alzado por el brasileño como una bandera blanca que, en no tan última instancia, fortalece su propia posición en la lucha política de la Iglesia en su conjunto, pues al dejar atrás los agravios e injusticias recibidas por parte del pontífice emérito, claramente busca legitimarlo, con lo que abonaría al diálogo deseable que el filme presenta como modélico.

Pero, ¿es en verdad necesaria esa bandera blanca? ¿Hay una confrontación realmente existente entre “dos modelos de Iglesia?, o bien, ¿la película y el análisis de Boff se inscriben en los esfuerzos, conscientes o no, premeditados o no, de, como dijimos, llevar demasiado lejos el carácter antagónico de esa confrontación de la cual, sería de esperarse, nacería una Iglesia renovada, “de salida”, más apegada al mundo actual y sus necesidades, de la mano del reformador Francisco?

El equilibrismo argumentativo de Boff al ir al rescate de la figura de Joseph Ratzinger parece apuntar hacia la segunda opción, pues al legitimarlo, lo coloca como un protagonista válido, y con ello legitima y proporciona visos de verosimilitud al carácter definitorio de esta contienda.

La pugna de poder dentro de la Iglesia-institución es innegable, pero está “a años luz” de poner en juego “dos formas diferentes de realizar la humanidad” y si acaso, busca decidir dos formas diferentes de institucionalizar la Iglesia católica. Boff sabe mejor que nadie lo problemático que resulta el apelar a la “humanidad” cuando de fe se trata, pues la totalidad de sus escritos están directa o indirectamente dedicados a cuestionar el universalismo occidental, a deconstruirlo para optar por hablar desde la vida misma, desde la naturaleza, desde el lugar los pobres, nunca desde una abstracta “humanidad”.

Tan es así que Boff termina diciéndonos, a tono con la película, que la reforma de Bergoglio tiene que ver con que no quiere usar los zapatos Prada rojos de los papas, sino sus viejos zapatos sucios, o con no querer vivir en un palacio y, si acaso, tendría que ver esa reforma con poner a discusión el estilo de trabajo de la curia para con ello dar la imagen de que hay diálogo, pero un diálogo que termina en no decir nada que anime o que construya realmente algo nuevo, y un diálogo que no dice nada es la metáfora perfecta del monólogo, muy apropiado para una Iglesia que no admite las relatividades que el siglo XXI ha acentuado en la vida de este mundo.

Leonardo Boff al usar su reseña de la película Los dos papas como vehículo para su propio posicionamiento en la pugna por dos modos de institucionalizar a la Iglesia no hace sino aportar su voz a ese diálogo de sordos, a ese monólogo que, al igual que el silencio al que fue condenado por “el ex Santo Oficio”, resulta obsequioso hacia una institución que no busca poner en cuestión sus fundamentos ideológicos o doctrinales, sino que sólo busca la apariencia de una lucha por renovarse sólo hasta el punto que le permita seguir exactamente igual.

La Iglesia Católica se pudo dar el lujo de cerrar el mes de enero de 2020 con el éxito comercial y propagandístico de Los dos papas y su épica de amorosa confrontación rubricada por Boff, a la par de que los medios de comunicación hacían eco de la discusión globalizada sobre el celibato sacerdotal en el Sínodo de la Amazonia.

Pero mientras estos aires de aparente transparencia soplaban sin que nada sucediera en realidad (no es mucho lo que se puede esperar de la exhortación papal “post-sínodo”), en otros ámbitos menos aireados de la católica institución las muestras de permanencia de “la Iglesia, que es una sola y eterna”, caían como plomada sobre las esperanzas de millones de fieles que aún esperan un cambio verdadero, cuando el Papa Francisco, sin siquiera un guiño de solidaridad a las víctimas de abusos de sacerdotes, avaló “por el bien de la Iglesia” (Vera, Rodrigo, 2020) la exoneración de Fernando Martínez, el sacerdote Legionario de Cristo más recientemente acusado de pederastia.

Que siga el monólogo…

 

Referencias

Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica. (6-27 de ocrubre de 2019). Amazonia: Nuevos caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral. Recuperado el 31 de enero de 2020, de http://www.sinodoamazonico.va/content/sinodoamazonico/es/documentos/documento-final-de-la-asamblea-especial-del-sinodo-de-los-obispo.html

Bastante, Jesús. (24 de enero de 2020). Religión Digital. Obtenido de El Papa publicará la próxima semana la exhortación post-Sínodo de la Amazonía: https://www.religiondigital.org/america/Papa-publicara-exhortacion-post-Sinodo-Amazonia_0_2197880217.html

Boff. Leonardo. (6 de enero de 2020). Religión Digital. Obtenido de Leonardo Boff: “Los dos papas, dos modelos de hombres, dos modelos de Iglesia” “La película no retrata la finura y elegancia de Ratzinger”: https://www.religiondigital.org/cultura/papas-modelos-hombres-Iglesia-pelicula-ratzinger-bergoglio-boff_0_2192780705.html

Francisco. (24 de mayo de 2015). Carta Encíclica Laudato SI del Santo Padre Francisco sobre el cuidado de la Casa Común. Obtenido de http://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Meirelles, F. (Dirección). (2019). Los Dos Papas [Película]. Obtenido de https://www.netflix.com/mx/title/80174451

Periodista Digital . (18 de febrero de 2013). Leonardo Boff: «Benedicto XVI es un Papa frustrado». Obtenido de https://www.periodistadigital.com/cultura/religion/20130218/leonardo-boff-benedicto-xvi-papa-frustrado-noticia-689401746248/

Vera, Rodrigo. (15 de enero de 2020). Proceso . Obtenido de Ana Lucía Salazar estalla por respuesta de la Iglesia ante abuso de cura de los legionarios: https://www.proceso.com.mx/614242/ana-lucia-salazar-estalla-por-respuesta-de-la-iglesia

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