El jueves 11 de abril concluyó en el Vaticano la Conferencia Internacional sobre la Trata de Personas, que convocó a más de 200 expertos y activistas en la lucha contra este “crimen a la humanidad”, entre las que se encontraron obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos procedentes de los cinco continentes.

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La conferencia estuvo organizada por el Dicasterio para el Servicio al Desarrollo Humano Integral, que dirige el cardenal Peter Turkson, y por la sección “Migrantes y Refugiados”, dirigida personalmente por el Papa mediante sus dos subsecretarios, el jesuita Michael Czerny y el escalabriniano Fabio Baggio.

Francisco encomendó este año las meditaciones del Vía Crucis del Viernes Santo en el Coliseo a una religiosa italiana activamente comprometida en contrarrestar la trata de personas; se trata de sor Eugenia Bonetti.

La trata, dijo el Papa, constituye una injustificable violación de la libertad y la dignidad de las víctimas, dimensiones constitutivas del ser humano querido y creado por Dios. Por ello debe considerarse un crimen contra la humanidad.

La misma gravedad, por analogía, debe imputarse a todos los vilipendios de la libertad y dignidad de cada ser humano, sea un compatriota o un extranjero. Quien se mancha con este crimen daña no sólo a los demás, sino también a sí mismo.

El Pontífice agradeció particularmente a las tantas congregaciones religiosas que han obrado (y lo siguen haciendo, incluso en red entre ellas) como vanguardia de la acción misionera de la Iglesia contra toda forma de trata, recomendando la coordinación de las diferentes iniciativas pastorales, el compartir experiencias y fuerzas en una acción sinérgica que involucre a los países de origen, tránsito y destino de las personas que son objeto de la trata, la colaboración con los demás actores políticos y sociales, para poder contrarrestar eficazmente la “cosificación de la persona humana: digamos la palabra, debemos decirla: cosificación, porque esta es la verdad”.

Francisco concluyó invocando las bendiciones del Señor “sobre todas las víctimas: que consuele a los tantos que sufren el desprecio, la humillación, la cosificación”.
Reacciones

En declaraciones a la agencia ACI Prensa, Fabio Baggio destacó que la idea de esta conferencia internacional era “la implementación de las orientaciones pastorales de la trata de personas” públicas en enero.

“Es interesante ver cómo hubo coincidencia enorme entre los 18 grupos de trabajo sobre algunas propuestas que fueron muy importantes”, expresó al destacar en particular “la gran ignorancia que existe en el tema de la trata hasta dentro de nuestras comunidades”.

En esta línea, el misionero escalabriniano aseguró que una forma para combatir la ignorancia es la información. Por ello, “hemos llamado a los medios de comunicación para hacer un trabajo junto a la Iglesia Católica de presentación de estas temáticas, presentando la cruda realidad, así como son los hechos”, explicó.

“Juntos somos más, muchos actores católicos están trabajando pero no conocemos lo que el otro está haciendo”, denunció.

Por su parte, el arzobispo de Yucatán y presidente del Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, hizo un balance sobre esta iniciativa para la agencia ACI Prensa.

“Yo creo que nos va a dejar muchas bendiciones esta reunión porque conocemos más a fondo las orientaciones pastorales que hay para el trabajo en el tema de la trata, y nosotros mismos hemos reflexionado sobre líneas de acción”, afirmó.

Rodríguez insistió que la trata de personas “es un tema difícil porque es un fenómeno como escondido, subterráneo y no es fácil localizarlo, no es fácil saber cómo trabajar… Es una verdadera plaga, yo le llamo cáncer de la humanidad”.

Por ello, el arzobispo realizó un llamado a la oración “por todas aquellas personas que sufren la trata, sea para un trabajo esclavo o sea para la prostitución”.

El secretario ejecutivo de la Comisión Pastoral de Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal de Guatemala, Juan Luis Carvajal, declaró a ACI Prensa que “ha sido una oportunidad para compartir las buenas prácticas que la Iglesia ya está haciendo en el tema del tráfico humano y todas sus modalidades”.

Añadió que fue un momento “para venir a aprender de lo que están haciendo en otras partes del mundo y también cuestionarnos de lo que nos hace falta ante una problemática que afecta a todos los sectores de la sociedad y a todos los países, porque nadie queda exento de eso”.

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