Gustavo García Siller, prelado de origen mexicano, afirma que los acuerdos extrajudiciales hicieron un “gran daño al bien común”, y subraya que la única solución de raíz para la crisis institucional por los abusos sexuales en Estados Unidos es la rendición de cuentas.

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El arzobispo de San Antonio, Texas, cuestiona incluso la legitimidad moral de esas soluciones.

La jerarquía eclesiástica ha pagado cientos de millones de dólares para contener la llegada de las denuncias contra clérigos a las cortes norteamericanas, los casos son muchos, recordemos la crisis ocurrida entre los años 1984-2002 en la diócesis de Boston, caso que se llevó a Hollywood con el filme Spotlight, ganador de un Oscar en 2015, y que pudimos conocer gracias al periodismo de investigación.

¿Cómo no haberse dado cuenta que 250 sacerdotes en su arquidiócesis eran abusadores sexuales y no los removía del ministerio ni los denunciaba a las autoridades civiles?

Es evidente que prefirieron la frase “la ropa sucia se lava en casa” y pagar los daños causados mediante una enorme cantidad de dinero. Con ello le hicieron un enorme daño a la credibilidad de la institución, como lo comenta el obispo entrevistado por Beltramo.

Entonces el cardenal Bernard Law dimitió en el cargo, siendo ascendido a un puesto en la Curia. Murió hace unos meses, a la edad de 86 años, y es recordado como el símbolo de los escándalos de abusos de la Iglesia Católica.

Aunque debemos decir que antes los escándalos de los últimos días, Law queda como un bebé de pecho. Los casos son muchos. Uno de ellos es del cardenal dimitido Theodore McCarrick, y otros más documentados en el informe del Gran Jurado de la Corte Suprema de Pensilvania dado a conocer el martes 14 de agosto, donde afirma que existe evidencia creíble contra 301 sacerdotes, con nombre y apellidos, que durante las últimas siete décadas dejaron más de mil víctimas menores de edad.

Esta es parte de la  entrevista hecha por el vaticanólogo Andrés Beltramo con el arzobispo texano.

Andrés Beltramo (AB): ¿Cómo está viviendo las informaciones publicadas en las últimas semanas sobre los abusos sexuales contra menores en la Iglesia de Estados Unidos?

Gustavo García Siller (GGS): Profundamente avergonzado y decepcionado por la corrupción en la Iglesia que, en su momento, no permitió que se ayudara a las víctimas de estos horrendos crímenes a sanar sus heridas, ni que se protegiera otros y a la sociedad de esos delincuentes. Al mismo tiempo me siento sumamente preocupado por la fe del pueblo de Dios, el rebaño traicionado por pastores que se convirtieron en lobos con piel de oveja. Pero también me siento esperanzado por el valor de las víctimas que han hablado, de las autoridades que han trabajado por la justicia, los periodistas que han sacado la podredumbre a la luz y los múltiples miembros del pueblo de Dios que velan por los indefensos, dando testimonio de que el buen pastor nunca abandona a su rebaño….

AB: ¿Qué impacto han tenido estas revelaciones en las comunidades católicas?

GGS: La gente está sumamente decepcionada, sobre todo de los obispos, y con mucha razón. Las reacciones se dan de muchas maneras. En distinta medida y de diferentes modos cada persona está viviendo un proceso de duelo, especialmente los católicos, tratando de sanar las heridas. En algunos la lesión alcanza su fe, lo cual es trágico, pues Cristo sufre con ellos y en estos momentos nos resulta mucho más complicado comunicárselos. 

AB: Después de la crisis de 2002 y el protocolo de Dallas se pensaba que la Iglesia de EU había atendido a fondo este problema, ¿por qué siguen apareciendo nuevos testimonios y se generan otros escándalos?

GGS: Aunque hubiera un solo caso sería muy alarmante, pero el propio reporte del gran jurado de Pensilvania da cuenta de que se ha avanzado mucho. La reducción en la incidencia de estos crímenes es muy notable. El reporte presenta un número mínimo de casos posteriores a las medidas tomadas por los obispos en 2002, en comparación con la cantidad abrumadora de los anteriores a ese año. De manera que sí se ha actuado a fondo, aunque es evidente que no lo suficiente. Debemos redoblar esfuerzos. 

AB: ¿Qué está haciendo la Iglesia católica en Estados Unidos para afrontar este flagelo? ¿Es suficiente? ¿Se podría hacer más?  

GGS: Se debe aplicar con más rigor el Estatuto para la Protección de Niños y Jóvenes. Y tiene que haber mayor y más eficacia en rendición de cuentas, especialmente por parte de los obispos, además de la conversión profunda de todos los miembros de la Iglesia….

AB: Los obispos de su país estudiaron por mucho tiempo los detalles de los abusos, ¿a qué atribuye que se hayan verificado tantos casos en la Iglesia de EU?

GGS: Efectivamente se ha estudiado el tema durante mucho tiempo porque es muy complejo y debe seguirse estudiando para avanzar en la búsqueda de mejores soluciones. Existen muchos factores que influyen en la vida, en la mente y en el corazón de una persona que llega a ser capaz de abusar sexualmente de un menor.

AB: ¿Qué rol han jugado las prácticas de encubrimiento a niveles jerárquicos?

GGS: Estamos conscientes de lo indignante y grave que ha sido el encubrimiento por parte de quienes ostentan autoridad, pues se impidió que se atendiera adecuadamente a las víctimas, que se hiciera justicia, se protegiera a otros de potenciales crímenes y se hicieran mejoras en la selección y en la formación para prevenir ese desorden moral y mental.

Si una conducta está descrita en la ley como delito significa que es de interés público que se prevenga, se persiga y se resarza en lo posible el daño causado. En muchos casos de abusos sexuales cometidos por miembros de la Iglesia se llegó a acuerdos extrajudiciales al amparo de la ley, mediante el pago de enormes sumas de dinero para que las víctimas no revelaran esos crímenes. De esa manera se hizo gran daño al bien común. Deberíamos cuestionarnos como sociedad por qué es eso legal en EU. La rendición de cuentas por parte de todos los responsables es una solución de raíz en la que hemos avanzado con lentitud.

AB: El Papa Francisco, entre otras cosas, identificó en el clericalismo y una cierta mentalidad elitista en la Iglesia como las causas principales de la crisis por los abusos, ¿coincide?

GGS: Sí; el clericalismo tiene que ver con poder, cuando la razón de ser de las posiciones de autoridad es el servicio. Cuando una persona busca una posición de poder, eso no es seguir a Jesucristo, eso no es ser cuerpo de Cristo. En el seguimiento de Cristo todos buscamos servir más y mejor. Y para ser buenos líderes, debemos mantener nuestra integridad y rendir cuentas de ella. Cerca de los menores siempre hay mayores de un modo u otro. Todos tenemos la responsabilidad de cuidarlos, de ayudarles y, por lo mismo, todos debemos rendir cuentas de alguna manera.

AB: ¿Cómo combatir ese clericalismo?

GGS: Ciertamente los obispos, los sacerdotes, los consagrados, no hemos escuchado el llamado a combatir el clericalismo, pero creo que tampoco los laicos lo han escuchado suficientemente. Frecuentemente hacen depender su acción o inacción de la opinión del sacerdote o del obispo. Si algo sale bien, se le atribuye el mérito al cura o al obispo y se le elogia; si algo sale mal, también se culpa al párroco o al obispo. El clericalismo es un veneno. Se señala a uno por ser muy bueno, a otro por ser muy malo, pero no se mira al espejo…

AB: ¿Cuál es su opinión sobre el caso del cardenal Theodore McCarrick y las acusaciones, incluso contra el mismo Papa, del ex nuncio apostólico Carlo Maria Viganò? 

-GGS: Cualquier conducta que constituya un delito, civil o canónico, debe esclarecerse en los tribunales correspondientes. Tengo entendido que el arzobispo McCarrick ya está siendo sometido a un proceso canónico. Quien sea responsable de conducir ese proceso es quien debe valorar cualquier testimonio.

¿Quién es el obispo Gustavo García Siller?

Es el sexto arzobispo de San Antonio, Texas, fue nombrado en octubre de 2010.
Nacido en San Luis Potosí el 21 de diciembre de 1956, entró en la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo en 1973 y dos años después emitió su primera profesión.

De 1975 a 1984 estudió en el Instituto de Filosofía de Guadalajara, y de 1980 a 1984 realizó sus estudios teológicos en el Saint John Seminary en Camarillo, California. Allí obtuvo el Master of Divinity y el Master of Arts, después, en la Universidad Jesuita de Guadalajara estudió el Master of Psychology.

Fue ordenado sacerdote en Guadalajara el 22 de junio de 1984 para la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo.

Ejerció su ministerio en la parroquia de San José en Selma, en California, y fue rector de diversas casas de estudios de su congregación en California y en Oregón.

Entre 1999 y 2003 fue superior del vicariato Cristo Sacerdote de los Misioneros del Espíritu Santo en California, que incluye el territorio de EU y Canadá.

El 24 de enero de 2003 fue nombrado obispo auxiliar de Chicago y recibió la consagración episcopal el 19 de marzo de ese año.

García Siller es el sexto arzobispo de la arquidiócesis de San Antonio y sucede al también mexicano arzobispo José Horacio Gómez, quien fue nombrado en abril de 2010 obispo coadjutor de Los Ángeles.

Es uno de 26 obispos hispanos activos en EU.

Contra el clericalismo

La mañana del sábado 8 de septiembre en audiencia con 74 obispos de los Territorios de Misión que participaron en el seminario promovido por la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el Papa Francisco les dijo:

“Huid del clericalismo, una manera anómala de entender la autoridad en la Iglesia, tan común en muchas comunidades en las que se han dado las conductas de abuso sexual, de poder y de conciencia”.

El clericalismo “corroe la comunión, ya que” genera una escisión en el cuerpo eclesial que beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos. Decir no al abuso, es decir enérgicamente no a cualquier forma de clericalismo.

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