Era principios de mayo de 1996, y sorpresivamente Guadalajara, Jalisco recibía la visita del entonces Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe; el cardenal alemán Joseph Aloisius Ratzinger, venía como enviado papal a presidir el Segundo Encuentro de presidentes de Comisiones Doctrinales de las Conferencias Episcopales de América Latina.

La reunión – a puerta cerrada- fue de una semana.

El objetivo de la misma era eminentemente pastoral, la situación actual de la teología, la problemática moral, el disenso dentro de la Iglesia, líneas generales de la teología india, el desafío de las sectas y los nuevos movimientos religiosos.

Sin embargo, se aprovechó la oportunidad para dejar claro su posición sobre otros puntos, como el posicionamiento de la santa Sede en el asunto de la política poblacional- punto primordial de la reunión de unos meses atrás en Beijin – y además del caso del malogrado cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo (1926-1993), asesinado la tarde del lunes 24 de mayo de 1993, en el estacionamiento del Aeropuerto Internacional de Guadalajara.

Asistieron a aquel cónclave 25 obispos representantes de las Comisiones Episcopales de Fe de América Latina; el cardenal Juan Sandoval Iñiguez fue el anfitrión de la reunión; estuvo entonces en Guadalajara, entre otros, el que tiempo despúes fuera Secretario de Estado Vaticano Tarcisio Pietro Evasio Bertone, SDB, entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y en un tiempo considerado “papabile”.

Después de una semana completa de deliberaciones se emitió el documento final mismo que fue leído por el -entonces también papable- presidente del CELAM, el arzobispo hondureño Oscar Andrés  Rodríguez Madariaga.

El pronunciamiento más enérgico fue el referido al tráfico de drogas, un “terrible flagelo” que afecta a todos los países de la región y que incursionó en forma “desvergonzada” en el ámbito político, dijeron.

Las síntesis del encuentro denominado Los nuevos desafíos en el llamado Continente de la Esperanza- se pueden resumir en cuatro puntos:

  1. El relativismo: filosofía inmanentista que origina disenso doctrinal, incluso entre los católicos, con problemas éticos como el respeto a la vida humana;
  2. El narcotráfico: no existe país del Continente que no se vea agobiado por este mal. Esto añade complejidad a la ya difícil situación económica América Latina en donde el modelo mercantilista está empobreciendo cada vez más a nuestros pueblos;
  3. Proliferación de sectas fundamentalistas: principalmente la llamada “New Age”, que se aprovecha del sentimiento superficial sin crear lazos de compromiso con el prójimo y tiende a convertirse en una religión sin Dios, y;
  4. El mundo indígena y afroamericano: está surgiendo una reflexión teológica como alternativa a reduccionismos de antropólogos con tendencias a una instrumentación folklórica o turística de los indígenas

Joseph Ratzinger proclamó en Guadalajara que la Teología de la Liberación “ha venido a menos” con la caída del socialismo.

Dijo que a pesar de que se redujo la influencia de la llamada “Iglesia de los Pobres” las respuestas a problemas como la injusticia, el hambre y la miseria “no deben faltar por parte de la iglesia”.

Denunció también la existencia de “una nueva manera de manipular a los indígenas” por medio de “antropólogos, pseudoteólogos y otras personas muy partidarias del indigenismo, que quieren tener a los indígenas como piezas de museo u objetos de folclor para atraer turismo”, dijo refiriéndose sin mencionarlos a don Samuel Ruiz García, obispo de an Cristobal de las Casas.

Estas personas –dijo- quieren que (los indígenas) se vistan como hace 500 años, que no progresen, porque si lo hacen se acaba ese folclor y dejen de ser objeto de estudio”, expuso el cardenal alemán.

De igual modo se mostró preocupado por el avance de las corrientes enmarcadas en el llamado “New Age”, un movimiento que se presenta como “muy acogedora y espiritualista”, que atrae a los católicos poco informados, dijo Ratzinger.

Varios teólogos criticaron al cardenal alemán, entre ellos Enrique Dussel quien dijo entonces que “Ratzinger está más preocupado por condenar herejes que por ocuparse de la pastoral popular de la Iglesia. Pareciera que la Iglesia está más preocupada por condenar la teología de la liberación que de ocuparse de los pobres”, aseveró el autor de “Teología de la Liberación, un Panorama Histórico”.

El obispo Samuel Ruiz le respondió al Cardenal Ratzinger, en el sentido de que el prelado chiapaneco no respetaba el Evangelio, respondió: “Bueno, esa es su opinión”. (Reforma, 13 de mayo de 1996).

– ¿Tiene él alguna autoridad sobre usted?, le preguntaron, a la que respondió: -No, ninguna, además quiero aclarar que no sólo respeto, sino que hago respetar y promuevo la práctica del Evangelio.

Días después el futuro Papa visitaba “de turista”  la ciudad de México.

Era sábado 11 de mayo de 1996. El cardenal Ratzinger viajo a la Ciudad de México -en visita privada “de turista” acompañado de su amigo Tarcisio Bertone; por cierto, el entonces nuncio Girolamo Prigione fue su anfitrión, incluso les dio alojamiento en su casa y los llevó a conocer la Catedral Metropolitana y a otros lugares más; no podía dejar de asistir al templo Mariano: la Basílica de Guadalupe:

El domingo 12 de mayo el cardenal alemán -y futuro papa- celebraba un servicio religioso, muy discreto, por cierto, casi nadie lo difundió (sólo un cable de la agencia Notimex firmado por Bertha Teresa Ramírez); ahí pidió a los sacerdotes de México y de América Latina mayor fidelidad y coraje en la evangelización, en especial con los sectores más pobres.

“Queridos hermanos, como ustedes, también nosotros hemos venido en peregrinación a este santuario de nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México y de toda la América latina”, dijo en ese entonces el cardenal Ratzinger.

Pidió al sacerdocio construir auténticas comunidades cristianas y practicar las virtudes, ejemplo de Jesús, para que los que están alejados de la Iglesia “nos reconozcan como verdaderos cristianos”, opten por la sinceridad, la justicia y la honorabilidad.

Destacó –al igual que el pasado 12 de diciembre-, la importancia de la virgen de Guadalupe en la tarea evangelizadora de América Latina.

En su homilía de aquel 12 de mayo de 1996 encomendó los trabajos de las Comisiones Doctrinales de las Conferencias Episcopales de América Latina: “queremos pedirle que siga protegiendo y animando a todos lo pastores de las iglesias particulares del continente en su misión de predicar con fidelidad y coraje el evangelio”.

Ratzinger ofició la misa en la Basílica de Guadalupe en compañía del nuncio apostólico Girolamo Prigione y de Norberto Rivera Carrera, arzobispo Primado de México, todavía estaba ahí como Abad Guillermo Shulemburg. No recuerdo si también estuvo concelebrando (seguramente sí); meses después dejaba el cargo por presiones del arzobispo Primado de México.

Años después el 2 de abril de 2005 a las 21: 37 horas murió Karol Joseph Wojtyla, tenía 84 años de edad; días después el 19 de abril Joseph Ratzinger era nombrado Papa y decide adoptar el nombre de Benedicto XVI.

Años después decide, el 23 de marzo de 2012 regresó a México, pero ya no como el cardenal Joseph Ratzinger sino como máximo representante de la Iglesia Católica en el mundo.

Lo recibió el presidente Felipe Calderón Hinojosa…