La persecución religiosa continúa ganando terreno en buena parte de los escenarios globales debido, en gran medida, a dos fenómenos sociopolíticos recientes: el hiperextremismo islámico, cuya más cruda expresión es la daesh del ISIS; y el resurgimiento de grupos populistas de derecha con actitudes de agresión y discriminación a grupos o credos minoritarios.

Según el informe 2016 sobre Libertad Religiosa en el Mundo realizado por la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), la situación ha empeorado en casi la mitad de los países cuyas realidades ya tienen signos de acoso a la libertad de los creyentes y apenas tres de los 38 países con graves violaciones a la libre expresión religiosa muestran “signos de mejoría”.

Más allá de los datos del informe elaborado a lo largo del 2016 por la fundación en 196 naciones, las historias detrás de cada acto contra la libertad religiosa en el mundo reflejan fenómenos sociales y culturales cuyos crímenes no suelen ser visibilizados ni atendidos por autoridades internacionales. Las agresiones contra las expresiones religiosas de comunidades enteras van desde la discriminación hasta el artero asesinato de personas cuyo único ‘delito’ es profesar un credo distinto al del grupo dominante. “Este informe pone de manifiesto que en el periodo estudiado, la libertad religiosa ha disminuido en 11 de los 23 países clasificados como de ‘persecución’. En otros siete de los países incluidos en esta categoría, los problemas ya son tan agudos que apenas pueden empeorar”, apunta AIN.

En las conclusiones del informe se aclara que “contrariamente a la opinión generalizada, los gobiernos no son los principales responsables de la persecución” y señala a organizaciones fundamentalistas o terroristas como principales perseguidores, los cuales utilizan tácticas de intimidación y crueldad con sus víctimas, reclutan a seguidores a través de redes sociales, siembran miedo a través de la exhibición de sus atrocidades en medios de comunicación y cuyas operaciones están financiadas por redes dotadas de grandes recursos económicos.

Para los especialistas de AIN, gran parte de la problemática nace del surgimiento de un ‘hiperextremismo’ cuya principal ideología es “sustituir el pluralismo religioso por una sola religión”. El reporte de libertad religiosa apunta que, si bien, la mayoría de los casos de ‘hiperextremismo’ corresponde al fundamentalismo islámico no se limita a esta religión y pone de muestra casos donde grupos de derecha populista comienzan a agredir a minorías étnicas o religiosas (principalmente a migrantes refugiados) o países con regímenes autoritarios que ejercen nuevas campañas contra grupos religiosos que se niegan a seguir la línea del partido dominante.

AIN también alerta sobre los ataques terroristas derivados de la intolerancia o persecución religiosa, dice que “desde mediados del 2014 se han cometido violentos atentados islamistas en uno de cada cinco países del mundo, desde Suecia hasta Australia, pasando por 17 países africanos” y afirma que “por lo menos una de cada tres personas en el mundo vive en un país sin libertad religiosa”.

México estable, pero…

El reporte 2016 de Libertad Religiosa de AIN concluye que “la naturaleza de la persecución en México es estable”. El informe aborda los parámetros legales a los que están obligadas todas las asociaciones religiosas en el país, recuerda que las leyes mexicanas impiden que los ministros religiosos sean sujetos a elección popular, evita que participen como funcionarios públicos y sanciona a los grupos religiosos que se opongan a las leyes del país u ofendan los símbolos patrios. AIN insiste en mencionar que todo grupo religioso en México “tiene su propia existencia a través del Estado y éste no otorga ningún reconocimiento de ellos fuera de su constitución” pero explica que el Estado tiene, a la vez, prohibido influir o intervenir en los asuntos internos de las asociaciones religiosas.

Con todo, AIN reconoce la existencia de ‘incidentes’ que desde 1990 afectan a grupos religiosos presentes en el país –principalmente a miembros de la Iglesia católica- y que ubican a México en el primer lugar en crímenes contra ministros ordenados.

Entre los ‘incidentes’, AIN enumera algunos asesinatos de sacerdotes católicos pero también incluye la discriminación de un miembro de la comunidad Sikh, las agresiones de católicos contra evangélicos en el sureste, agresiones jurídicas para nacionalizar inmuebles de asociaciones religiosas y reporta una turba que incendió una iglesia evangélica en Santa Fe de la Laguna.

AIN mantiene una preocupación especial por México “por los serios problemas sociales que en él convergen… donde la violencia se ha extendido a todos los sectores sociales y que, en el caso de libertad religiosa, se concreta en ataques, secuestros y asesinatos de ministros del clero”.

La presentación del informe de AIN en México, por ejemplo, estuvo enmarcada en dos casos de agresiones a ministros en el mes de noviembre. En el primero, la intentona de secuestro del sacerdote Luis Antonio Salazar de la Torre en Baborigame, Chihuahua, devino en un enfrentamiento armado entre militares y secuestradores que dejó un saldo de dos personas muertas; y, en la misma semana, el secuestro del sacerdote José Luis Sánchez Ruiz, generó disturbios en las calles de Catemaco, Veracruz, y el incendio del Palacio del Ayuntamiento local; Sánchez Ruiz fue liberado dos días más tarde con huellas de tortura. Pero no son casos aislados, en septiembre, dos sacerdotes de Veracruz fueron asesinados y uno de Michoacán fue privado de su libertad y de su vida sin que se conocieran los motivos de sus agresores.

John Pontifex, editor en jefe del informe sobre Libertad Religiosa en el Mundo, explica que son precisamente estas experiencias trágicas de persecución religiosa las que han comenzado a sensibilizar a la sociedad, principalmente a los medios de comunicación quienes han dado un mayor seguimiento a las atrocidades cometidas con yazidíes, cristianos, bahaíes, judíos y musulmanes ahmadíes, pero que también reportan los casos de violencia extrema contra grupos o minorías religiosos; y concluye: “Las tensiones sobre el lugar que ocupa la religión en Occidente palidecen en comparación con los problemas de otras zonas del mundo, aunque aquí los grupos religiosos se ven sometidos a la presión de un proceso de secularización. En occidente, las cuestiones que rodean la fe se han ido centrando cada vez más en el tema de la objeción de conciencia. En una sociedad laica que trata a la religión como un asunto privado y la elección personal como el derecho principal, un incidente tras otro han ido manifestando los problemas que surgen por sacar a la religión de la esfera pública”.

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