A partir de este martes 15 de diciembre está en circulación el primer libro “Diario de la prisión” del Cardenal George W.  Pell,  donde cuenta los primeros 5 meses de su encarcelamiento en una celda de aislamiento, en la Prisión de Evaluación de Melbourne en  Australia, donde vivió rodeado de criminales y terroristas…

El vaticanista italiano Sandro Magister publicó en su blog avances del libro de 350 páginas donde el purpurado reflexiona entre otros temas sobre los católicos en China, el papel del Papa Emérito, la exhortación apostólica sobre el amor en la familia Amoris laetitia; y la libertad religiosa.

Pell, entregó sus textos de la prisión a la Ignatius Press, la editorial estadounidense fundada y dirigida por el jesuita Joseph Fessio, discípulo de antigua data de Joseph Ratzinger y miembro de su “Schulerkreis”, para que fueron publicados, es un excelente testimonio..

“Y aquí está. El primer volumen del “Prison Journal” que Settimo Cielo anticipa aquí algunos pasajes, con la autorización del editor, subraya Magister. (está en varios idiomas entre ellos en español)

De vuelta en Roma, el cardenal Pell se siente reivindicado

¿Cómo lo hizo para escrirlo?

Cada tarde el cardenal escribía como si fuera diario dos o tres páginas que casi siempre comenzaban con sus reflexiones sobre las dos lecturas matutinas del Breviario, una extraída de la Biblia y otra de los Padres de la Iglesia, y siempre terminaban con una oración.

La Biblia y el Breviario – con las Laudes, las Vísperas y el Oficio de Lecturas – eran dos de sus seis libros, no más, que le fueron permitidos tener consigo en su celda; otro era “Guerra y Paz”, de León Tolstoi, señala Magister.

Agrega que la celda era de 16 metros cuadrados. y contaba una pequeña cama, mesa, lavabo,  regadera y un pequeño televisor. La ventana, con sus barras y el vidrio oscurecido, permanecía siempre cerrada.

Dice Magister que Pell estaba cercado de asesinos y terroristas, algunos de ellos musulmanes, y por tanto escuchaba las oraciones y gritos. Y obviamente siempre usó el uniforme reglamentario de interno y como todos era sometido, a frecuentes controles antidroga e inspecciones corporales.

Dos veces al día se le permitía salir por media hora en un pequeño patio rodeado por altos muros, también allí solo, y este era también el único momento en el que podía usar el teléfono; dos veces a la semana visitas y de tanto en tanto una religiosa le llevaba la comunión eucarística.

En ese tiempo recibió muchas cartas de familiares y amigos…

El libro, sólo cubre los primeros cinco meses de los 404 días transcurridos en su celda de Melbourne.

He seguido de cerca el caso del Cardenal  Pell, y siempre creí en la presunción de inocencia, percibí cosas raras, perversas; y desde hace meses publiqué su caso en Contextos de la Palabra

El martes 7 de abril de este año, en plena Semana Santa fue absuelto de todo cargo que le había impuesto un tribunal australiano por delitos sexuales ocurridos en el pasado.

Después de dos resoluciones y un recurso presentado, el Tribunal falló en su favor de manera unánime; los siete jueces acordaron que el tribunal menor “debería haber albergado una duda sobre la culpabilidad” del demandante.

Horas después el cardenal abandonó la prisión de máxima seguridad de Prison Barwon, al suroeste de Melbourne, lugar que estuvo durante mucho tiempo conviviendo con jefes criminales.

Admitió entonces que su liberación es dolorosa y no pidió nada: “No culpo a mi acusador. No quiero que mi absolución se añada al dolor y la amargura que muchos sienten; ciertamente hay suficiente dolor y amargura”, dijo.

Al saber la noticia, el Papa Francisco lo primero que hizo fue rezar en el servicio religioso matutino en Casa Santa Marta “por aquellos que cumplen sentencias injustas”.

Más tarde la Santa Sede emitió un comunicado subrayando que acogen “con satisfacción la sentencia unánime dictada por el Tribunal Supremo en favor del Cardenal George Pell.

Pell —al someter su caso a la magistratura— defendió siempre su inocencia, atendiendo que la verdad fuera acertada, subraya el boletín.

Meses después regreso al Vaticano, y lunes 12 de octubre, el papa Francisco lo recibió en audiencia privada….

Elisabetta Piqué reportera de La Nación hizo una nota sobre el encuentro.

“Gracias por su testimonio”, le dijo el papa al cardenal, según pudo oírse del audio de la filmación realizada por las cámaras del Vaticano al comienzo del encuentro.

Agrega Pique que seguramente Pell y el Papa, al margen de conversar de la experiencia del cardenal en la cárcel hablaron del presunto caso perverso del Angelo Becciu.

¿Cómo fue este proceso penal? Recomiendo leer la línea del tiempo en Contextos:

El caso de George Pell, para un filme de Netflix  

El quid es que meses después nos enteramos que hubo mano negra en el proceso penal de alguien poderoso la Curia Vaticana: el Cardenal Angelo Becciu.

Entrevista de Pell

A finales de noviembre le dio entrevista exclusiva a Nicole Winfield de la agencia Associated Press, ha sido la primera desde que regresó al Vaticano tras ser exonerado en el juicio por abusos sexuales que se le hizo en Australia.

La charla versó sobre su libro y las humillaciones vividas bajo confinamiento solitario, mientras trataba de limpiar su nombre.

Pell y sus partidarios creen que fue usado como chivo expiatorio, para tapar la fallida respuesta de la Iglesia Católica Australiana a las denuncias de abusos sexuales por parte del clero.

El otrora papable alude reiteradamente los tres años que pasó en el Vaticano tratando de imponer transparencia y de modernizar la contabilidad y el presupuesto de la Santa Sede; “Tal vez todo esto sea solo pura incompetencia”, declaró en torno al escándalo.

Pell, tuvo fuertes enfrentamientos con miembros de la Curia al tratar de controlar las finanzas de la Santa Sede. Su rival más conocido fue el número tres de la jerarquía de la secretaría de estado del Vaticano, el cardenal Angelo Becciu.

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