Como se había anunciado, el Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, presidió la tarde del miércoles 17 de octubre una “Misa por la Paz” en la península coreana, en la que participó el presidente Moon Jae-in, quien horas después se reunió de manera privada con el Papa Francisco, durante 35 minutos.

“Que en la península coreana, después de tantos años de tensiones y división, pueda finalmente resonar por completo la palabra paz”, dijo Parolin en la homilía.

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“Esta noche deseamos humildemente alzar la mirada a Dios, a quien rige la historia y los destinos de la humanidad, e implorar una vez más, para todo el mundo el don de la paz. Lo hacemos rezando en particular para que también en la península coreana, después de tantos años de tensión y de división, pueda finalmente resonar plenamente la palabra paz”, añadió.

Resaltó que “la sabiduría de la Escritura nos hace comprender que solo quien ha experimentado el misterio inescrutable de la aparente ausencia de Dios ante los sufrimientos, la opresión y el odio, puede comprender hasta lo profundo qué cosa significa sentir nuevamente resonar la palabra paz”.

“Ciertamente como personas de buena voluntad todos nosotros sabemos que la paz se construye con las opciones de cada día, con un esfuerzo serio al servicio de la justicia y la solidaridad, con la promoción de los derechos y la dignidad de la persona humana, y especialmente a través del cuidado de los más débiles”.

Tras indicar que la paz es un don de Dios, el cardenal Parolin recordó que San Pablo VI dijo que “¡es necesario hablar siempre de paz! Es necesario educar al mundo a amar la paz, construirla y defenderla”.

“Ante las premisas que renacen de la guerra -indicaba el nuevo santo-, es necesario suscitar en los hombres de nuestro tiempo y de las generaciones venideras el sentido y el amor de la paz fundada en la verdad, la justicia, la libertad y el amor”.

Al concluir su homilía, el cardenal Parolin rogó “al Señor la gracia de hacer de la paz una auténtica misión en el mundo de hoy, con la confianza puesta en la misteriosa potencia de la cruz de Cristo y su resurrección. Con la gracia de Dios, la vía del perdón se hace posible; la elección de la fraternidad entre los pueblos, un hecho concreto; la paz, un horizonte compartido incluso en la diversidad de los sujetos que dan vida a la comunicad internacional.”

“Entonces —continuó el cardenal citando la homilía que pronunció el Papa Francisco en la catedral de Myeong-dong de Seúl el 18 de agosto de 2014— nuestras oraciones por la paz y la reconciliación se elevarán hacia Dios desde corazones más puros y, por su don de gracia, obtendrán ese bien precioso al que todos aspiramos”.

El presidente coreano, por su parte, expresó el propio “profundo sentimiento de gratitud por el sólido y firme apoyo manifestado por el Papa Francisco a favor de la paz en la Península coreana”, y expresó el deseo de que “las relaciones entre la Santa Sede y Corea del Norte puedan revitalizarse”

Lo hizo en un artículo publicado por L’Osservatore Romano.

El presidente Moon recordó los mensajes del papa sobre “la diplomacia de la reunión para la reconciliación, precisamente para iniciar una nueva era de paz y prosperidad en la península de Corea”.

Explicó que en su visita a Pyongyang en septiembre pasado, estuvo acompañado por el arzobispo de Gwangju, Hyginus Kim Heejong, como representante de la Iglesia católica en Corea, para fomentar las relaciones entre la Iglesia en el Sur y la del Norte.

En este sentido, agradeció “a la Santa Sede la atención especial y el apoyo garantizado para que estas relaciones puedan desarrollarse aún más”.
Y deseó que “también las relaciones entre la Santa Sede y Corea del Norte también puedan revitalizarse”.

Línea del tiempo

El 19 de septiembre los presidentes de Corea del Sur y Corea del Norte firmaron en Pyongyang un acuerdo de desnuclearización en la península coreana.

Días después, el 9 de octubre la presidencia surcoreana informó que el líder norcoreano, Kim Jong Un, invitó al Papa Francisco a visitar Corea del Norte.
La invitación se entregó personalmente al papa Francisco por el presidente Moon.

La religión

La Constitución de Corea del Norte permite, en teoría, la libertad de culto, empero la limita a pocos lugares aprobados por el régi1men y estrictamente vigilados por la policía…

El proselitismo religioso está fuertemente castigado: varios de los extranjeros -principalmente de nacionalidad estadounidense- detenidos en Corea del Norte a lo largo de las últimas dos décadas, lo han sido por intentar distribuir Biblias u otro material religioso.

Nada que ver cuando a principios del siglo XX, antes de la división de la península, Pyongyang era un importante centro religioso con numerosas iglesias y una comunidad cristiana que recibió el apodo de “Jerusalén de Asia”.

Pero el fundador del régimen y abuelo del actual líder, Kim Il Sung, consideraba la religión cristiana como una amenaza contra su gobierno y la erradicó con ejecuciones y trabajos forzados en los campos.

Desde entonces, el régimen norcoreano autorizó a las organizaciones católicas a desarrollar proyectos de ayuda en su territorio, pero no tiene relación diplomática alguna con el Vaticano, una de las razones por las que ha pedido a Moon que sea él quien traslade la invitación.

En cambio, Corea del Sur es el segundo país asiático en cuanto a proporción de creyentes católicos, sólo por detrás de Filipinas.

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