El Papa Francisco aceptó las renuncias de tres obispos chilenos, 24 días después de que todos los prelados de ese país le ofrecieron dejar el cargo. Entre las renuncias que admitió el Sumo Pontífice está la de Juan Barros Madrid, implicado en el caso del sacerdote Fernando Karadima, acusado de varios casos de abuso sexual.

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Monseñor Barros justificó su renuncia para tomar “un año sabático”, pero ésta se da en el marco de los señalamientos por encubrimiento que han hecho algunas víctimas de Karadima.

El pasado 18 de mayo los 34 obispos de Chile presentaron su renuncia al Papa Francisco. Éste en una carta prometió a los católicos chilenos no ignorar nunca más los casos de abuso y advirtió que para la renovación de la jerarquía eclesial no eran suficientes las renuncias, sino que debía haber medidas más allá de la contención.

Además de la renuncia de Barros, el Sumo Pontífice también aceptó las dimisiones de Cristian Caro Cordero, arzobispo de Puerto Montt, y de Gonzalo Duarte García, obispo de Valparaíso, quienes argumentaron “motivos de edad”.

En un comunicado, el Vaticano precisó que en el lugar de Barros al frente de la diócesis de Osorno nombró administrador apostólico et ad nutum Sanctae Sedis (y bajo la dirección de la Santa Sede) a monseñor Jorge Enrique Concha Cayuqueo, obispo auxiliar de Santiago.

La arquidiócesis de Puerto Montt quedará bajo la administración del obispo Ricardo Basilio Morales Galindo, provincial de los Mercedaros en Chile.

Y en cuanto a la diócesis de Valparaíso quedará como administrador apostólico y bajo la dirección de la Santa Sede Pedro Mario Ossandón Buljevic, obispo auxiliar de Santiago de Chile.

Las reacciones

Tras confirmarse las renuncias, Juan Carlos Cruz, una de las víctimas del padre Karadima, opinó a través de Twitter:

“Mi cariño y oración hoy especialmente con Osorno. Ejemplo de perseverancia y fidelidad. ¡Empieza un nuevo día!”

José Andrés Murillo, también víctima de Karadima, declaró al portal tercera.com: “Esto hay que llamarlo por su nombre: el Papa despidió a tres obispos. Es bueno hablar de manera directa y sin eufemismos. Al menos dos de ellos sabemos que han estado implicados en abuso directamente o en encubrimiento. Suponemos que el obispo Caro también”.

Consideró que estas primeras renuncias son “una señal importante. Y lo será más aún cuando se hable de abusadores y cómplices activos y pasivos”.

Confió en que este mecanismo “pueda ir repitiéndose en distintos lugares del mundo hasta transformarse en una manera de actuar. La estructura de la Iglesia debe cambiar, desde una que favorece el abuso y el encubrimiento a una que lo previene, lo detecta e interviene de manera efectiva y eficaz”.

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