El Papa Francisco tres días de la semana que recién concluyó a las relaciones internacionales. Primero el jueves recibió a Luiz Inacio Lula da Silva en Casa Santa Marta.

El encuentro fue privado y duró cerca de una hora; la Santa Sede no emitió ninguna nota; no obstante, el expresidente brasileño ofreció posteriormente una rueda de prensa en la sede de la Confederación General Italiana del Trabajo en Roma.

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El exmandatario dio a conocer que entre los temas que abordó con el Santo Padre estuvo el de las desigualdades sociales, la reunión “Economía de Francisco” (que tendrá lugar en Asís en marzo), y el cuidado del medio ambiente.

Resaltó la convocatoria precisamente el acto a celebrarse en Asís, donde debatirán con jóvenes sobre la nueva economía del mundo. Para Lula, esta “es una decisión alentadora que toca un asunto vital para el futuro de los trabajadores del mundo entero”.

El expresidente brasileño manifestó que había leído la reciente exhortación del Pontífice sobre el Sínodo de la Amazonia y que estaba de acuerdo con los puntos que expresa.

No obstante, matizó que su encuentro no estaba destinado a conversar especialmente sobre la Amazonia, sino en torno a “los problemas ambientales como un todo”.

Se mostró muy satisfecho de su encuentro con el Papa, alabando “la fuerza, la disposición y las ganas” que presenta el Obispo de Roma al poner en la palestra pública temas importantes para debatir, de manera que se puedan encontrar soluciones más fáciles a los problemas vigentes.

Lula da Silva pasó 580 días en prisión por causas relacionadas con la corrupción y se encuentra en libertad provisional; el viaje al Vaticano fue posible después de que la justicia brasileña aprobara posponer una audiencia por un caso de corrupción.

Con el mandatario húngaro

El Viernes, Su Santidad se reunió con el presidente de la República de Hungría, János Áder.

Los temas abordados por ambos líderes fueron la celebración del 52 Congreso Eucarístico Internacional en Budapest en septiembre próximo, el centenario de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y Hungría y el trigésimo aniversario de su restablecimiento.

Asimismo, según un comunicado de la Santa Sede, durante estas “conversaciones cordiales” se expresó el aprecio por las “buenas relaciones bilaterales” y se examinó algunos temas de interés mutuo, como la justicia social, la acogida, la promoción de la familia y la salvaguardia de la creación, además del presente y el futuro de Europa.

Tras dialogar con el Santo Padre, el mandatario húngaro se reunió con el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado, acompañado por  Mirosław Wachowski, subsecretario para las Relaciones con los Estados.

Con el líder bosnio

Y el sábado, el Papa recibió en audiencia a Željko Komšić, líder de turno de la presidencia colegiada de Bosnia y Herzegovina, quien iba acompañado de su séquito.

En un comunicado, la Oficina de Prensa del Vaticano dio a conocer que además de encontrarse con el Papa, el presidente Bosnio mantuvo también una conversación con el secretario de Estado del Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, y el subsecretario para las Relaciones con los Estados, Mirosław Wachowski.

Las conversaciones se desarrollaron en un ambiente de cordialidad y en ellas se analizaron las relaciones bilaterales entre la Santa Sede y el Estado bosnio, calificadas de “buenas”, y la realidad interna del país, “con especial atención a la situación de la comunidad católica”.

Finalmente, “se abordaron algunos temas de interés común relativos al contexto internacional y regional, como la paz y la seguridad, la necesidad de favorecer vías de diálogo para hacer frente a los diferentes desafíos en los Balcanes occidentales y las perspectivas de ampliación de la Unión Europea a la región”.

Bosnia y Herzegovina es un país del este de Europa situado en la península de los Balcanes. Instituido en el año 1992 tras una cruenta guerra resultado de la descomposición de la antigua Yugoslavia.

Está formado por dos entidades políticas autónomas confederadas: la Federación de Bosnia y Herzegovina, en la que conviven musulmanes bosnios y católicos croatas; y la República de Srpska, de mayoría serbia ortodoxa.

La presidencia de la confederación es rotatoria, alternándose bosnio-musulmanes, croatas y serbios.

A pesar de los frágiles equilibrios entre las tres comunidades, la desconfianza entre la población del país es muy grande y las heridas de la guerra todavía están muy presentes.

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