El Instituto para las Obras de Religión (IOR) hizo público este martes 11 de junio el informe anual correspondiente al año 2018 (véase https://www.vaticannews.va/es/vaticano/news/2019-06/ior-comunicado-prensa-balance-2018.html).

Se trata de la séptima vez que el instituto hace públicos estos datos, lo cual responde a una política de mayor transparencia y control, ordenado por el papa Francisco.

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El informe fue sometido a una detallada revisión contable de la empresa Deloitte & Touche, y fue aprobado por unanimidad por el Consejo de Supervisión del Instituto el pasado 16 de abril.

Según las conclusiones del informe, “en 2018 el Instituto continuó, con prudencia, a suministrar servicios financieros a la Iglesia Católica presente en todo el mundo y al Estado de la Ciudad del Vaticano”.

“Sus resultados financieros reflejan este enfoque y confirmar el compromiso adoptado en 2014 por el Consejo y la Dirección de cara a hacer del IOR un mejor instituto financiero, más cercano a sus clientes con fuertes principios éticos, productos de mayor nivel, procedimientos de control en línea con las mejores prácticas internacionales”.

El informe anual 2018 señala que el Instituto sirvió a 14 mil 953 clientes por valor de 5 mil millones de euros en recursos financieros, de los cuales 3 mil 200 millones corresponden a la gestión y custodia de ahorros.

Se obtuvo un resultado neto correspondiente a 17 millones 500 mil euros, a pesar de las fuertes turbulencias de los mercados en el pasado año y la persistencia de tasas de interés todavía demasiado bajos.

“Se ha continuado el proceso de optimización de costes, reduciéndolos a 16 millones de euros (18,7 millones en el 2017); y se ha registrado hasta el 31 de diciembre de 2018, un patrimonio neto de la distribución de beneficios, de unos 637 millones de euros, lo que corresponde a un TIER 1 ratio del 86.4 por ciento (68.3 por ciento en 2017), como testimonio de su elevada solvencia y de su perfil de bajo riesgo.

En 2018, el Instituto también aumentó la integración de criterios negativos y positivos de análisis para la selección de la actividad financiera con la cual se puedan realizar inversiones coherentes con la ética católica, seleccionando exclusivamente empresas que desempeñen una actividad conforme a la Doctrina Social de la Iglesia Católica.

Además, se continuaron las inversiones dirigidas a favorecer el desarrollo de los países más pobres, con respeto a las decisiones coherentes con la realización de un futuro sostenible para las generaciones futuras.

Por último, se contribuyó a la realización de numerosas actividades de tipo benéfico y social, tanto por medio de donaciones de carácter financiero, como mediante la concesión en alquiler con cánones subvencionados o préstamos de uso gratuito de inmuebles de su propiedad a entes con finalidad social.

¿Qué es el IOR?

Se trata del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido durante mucho tiempo como el Banco del Vaticano. En otros tiempos se le denominó el Banco del Papa o el Banco de Dios. Tiene su sede en la Ciudad del Vaticano y fue fundado por Pío XII en 1942.

Su objetivo es servir a la Santa Sede y a la Iglesia Católica en el mundo entero, como establece su estatuto; por lo tanto no tiene fines de lucro.

El IOR protege el patrimonio de un grupo claramente definido de personas físicas y jurídicas con afiliación a la Iglesia Católica tal y como lo define el derecho canónico o el derecho del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Cuenta con 114 empleados y tiene su sede exclusivamente en el territorio soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Actualmente administra fondos por miles de millones de euros y cuenta con miles de usuarios, de los cuales una gran parte son instituciones católicas, que tienen la titularidad de más de 85 por ciento de los fondos administrados.

La mayoría de los titulares de depósitos son italianos, polacos, franceses, españoles y alemanes.

El primer informe del Instituto ocurrió en octubre de 2013, bajo el pontificado del papa Francisco.

A principios de la década de los 80, el IOR se vio involucrado en el escándalo de la quiebra del Banco Ambrosiano de Roberto Calvi, encontrado ahorcado bajo un puente de Londres en 1982.

Gracias a ello Juan Pablo II decidió reformar el banco vaticano para dotarlo de una mayor transparencia y rigor en su gestión y el arzobispo estadunidense Paul Casimir Marcinkus, que presidía el IOR fue destituido.

Marcinkus manejó durante casi 20 años —desde 1972 hasta su retirada en 1989— el IOR; la autonomía e independencia de que gozaba desde 1942 esta institución permitió al arzobispo una gran libertad de movimientos.

Esta autonomía se tradujo en los oscuros contactos que mantuvo con los banqueros italianos Michele Sindona (asesor financiero de Pablo VI) y Roberto Calvi, cuyas aventuras financieras internacionales culminaron con la quiebra de sus bancos, en especial El Ambrosiano de Milán.

El fraude dejó un agujero de mil 400 millones de dólares de entonces y muchos muertos.
Marcinkus que aparece reflejado en el filme El Padrino III.

El colapso del Banco Ambrosiano fue el peor escándalo que sacudió a la Iglesia católica bajo Juan Pablo II, que implicó alegatos de vínculos sospechosos con la mafia italiana y la oscura logia masónica P-2 (Propaganda dos).

El jefe del Banco Ambrosiano Roberto Calvi huyó de Italia luego de que se declarara la bancarrota del banco y tiempo después lo hallaran ahorcado en Londres en junio de 1982.
Tráfico de armas, evasión de divisas, blanqueo de dinero y la quiebra del banco dejaron el paso a la mafia como protagonista del crimen.

Juan Pablo II impulso su estructura actual: un consejo de administración laico, con un presidente a la cabeza, y un director general asistido por un vicedirector.

En diciembre de 2010 Benedicto XVI aprobó una ley para luchar contra el blanqueo de dinero en la instituciones financieras del Vaticano, con el objetivo de entrar en la llamada “lista blanca” de Estados que respetan las normas para la lucha contra el lavado de dinero.

Y Francisco le apostó a la trasparencia.

Hace unos meses un periódico colombiano —El Expediente— afirmó que en el IOR había cuentas de presidentes y ex presidentes de países latinoamericanos, entre ellos Juan Manuel Santos, Cristina Fernández Kirchner, Lula da Silva, Raúl Castro, Rafael Correa, Daniel Ortega y Nicolás Maduro.

La respuesta enérgica la dio el director interino de la Sala de Prensa del Vaticano, Alessandro Gisotti: “Luego de verificar con las autoridades competentes puedo afirmar que ninguna de las personas mencionadas en el artículo de El Expediente ha tenido jamás una cuenta bancaria en el IOR, ni la tiene actualmente, ni tiene firma de delegación en cuentas a terceros, ni tendría —bajo las bases de las nuevas normas adoptadas por el Instituto— algún título para acceder a alguna operación en él. (Por lo tanto) Los documentos presentados como prueba son falsos. El IOR, concluyó el director ad interim de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

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