Foto:Imagen extraída de un fotograma del video de Vatican News
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En el mundo existen 40 millones de personas, sobre todo mujeres y niños, que padecen la esclavitud moderna, que se manifiesta en diversas formas, como deudas, la explotación sexual y los trabajos domésticos forzados, afirmó el Papa Francisco.

En un mensaje dirigido a los participantes del foro “Viejos problemas en el Nuevo Mundo”, que tuvo lugar del 5 al 8 de mayo en Buenos Aires, Argentina, el Sumo Pontífice hizo ver que de vivir juntos, esa cantidad de gente formaría la más grande megalópolis del planeta y tendría una población cuatro veces más grande que la de toda el área urbana de la capital argentina.

Por ello, advirtió que nadie puede lavarse las manos ante este fenómeno y planteó la necesidad de realizar dos tareas: la primera es poner en acción una estrategia que permita un conocimiento mayor del tema, a fin de romper el velo de indiferencia y, la segunda, “defender sus derechos, impedir que los corruptos y los criminales escapen de la justicia y tengan la última palabra sobre las personas explotadas”.

El foro fue organizado por la Arquidiócesis Ortodoxa de Buenos Aires, que dirige el arzobispo metropolitano y reverendísimo gran archidiácono Tarasios, y por el Instituto Ortodoxo Patriarca Atenágoras de Berkeley, California, EU.

Este segundo congreso, al igual que el primero, fue patrocinado por el patriarca ecuménico ortodoxo, su Santidad Bartolomé I, y su gracia al Arzobispo de Canterbury, Justin Welby.

El primer foro se celebró en febrero de 2017 en Estambul, Turquía, y se denominó “Pecados ante nuestros ojos: un foro sobre la esclavitud moderna”, fue inaugurado por ambos líderes religiosos.

Se habló de establecer una buena colaboración entre organismos internacionales y comunidades religiosas para proteger a los grupos vulnerables, y se emitió la siguiente declaración conjunta (en inglés).

Esta vez el papa Francisco envió un breve pero profundo mensaje de poco más de cuatro minutos a los participantes del foro, entre los que estuvieron penalistas, sociólogos, abogados, políticos, teólogos y estudiosos, procedentes de América Latina y de otras regiones.

En su mensaje, el Obispo de Roma De entrada dijo que le consuela saber que líderes religiosos como Bartolomé I y Justin Welby comparten “la misma preocupación por las víctimas de la esclavitud moderna…”

“No podemos hacernos los distraídos: todos estamos llamados a salir de cualquier forma de hipocresía, afrontando la realidad de que somos parte del problema”, demandó.

El crimen organizado elige a sus víctimas entre las personas que hoy tienen escasos medios de subsistencia y todavía menos esperanzas para el futuro, advirtió el Papa.

Para ser más claro, precisó, “entre los más pobres, entre los más postergados, los más descartados”.

La respuesta de base reside en crear oportunidades para un desarrollo humano integral, iniciando con una educación de calidad. Este es el punto clave, educación de calidad desde la primera infancia, para seguir generando después nuevas oportunidades de crecimiento a través del empleo, puntualizó

Un compromiso común para afrontar este desafío, agregó, será una ayuda valiosa para la construcción de una sociedad renovada y orientada a la libertad, a la justicia y a la paz.

El mensaje íntegro

Queridos hermanos y hermanas:

Antes de nada, manifiesto mi más sentido agradecimiento al patriarca ecuménico, su santidad Bartolomé I, y al arzobispo de Canterbury, su gracia Justin Welby, que el año pasado inauguraron estos fórums.

Me consuela saber que compartimos la misma preocupación por las víctimas de la esclavitud moderna.

La esclavitud no es algo de otros tiempos.

Es una práctica que tiene raíces hondas y se manifiesta todavía hoy y en muchas formas diversas: tráfico de seres humanos, explotación del trabajo a través de deudas, explotación de niños, explotación sexual y de trabajos domésticos forzados son algunas de las tantas formas.

Cada una es más grave y deshumana que las otras.

A pesar de la falta de información que tenemos a disposición desde algunas regiones del mundo, las cifras son dramáticamente elevadas y, muy probablemente, subestimadas.

Según algunas estadísticas recientes, habría más de 40 millones de personas —hombres, pero sobre todo mujeres y niños— que sufren la esclavitud. Solo para hacernos una idea podemos pensar que si vivieran en una única ciudad, sería la más grande megalópolis de nuestro planeta y tendría, más o menos, cuatro veces más la población de toda el área urbana de Buenos Aires.

Ante esta realidad trágica, nadie puede lavarse las manos si no quiere ser, en cualquier modo, cómplice de este crimen contra la humanidad.

Una primera tarea que se impone es poner en acción una estrategia que permita un conocimiento mayor del tema, rompiendo ese velo de indiferencia que parece cubrir la suerte de esta porción de la humanidad que sufre, que está sufriendo.

Parece ser que muchos no desean comprender el alcance del problema.

Hay algunos que, al estar involucrados directamente en organizaciones criminales, no quieren que se hable de esto, simplemente porque sacan elevados beneficios gracias a las nuevas formas de esclavitud.

También está quien, aun conociendo el problema, no quiere hablar porque se encuentra allí donde termina la “cadena de consumo”, como consumidor de los “servicios” que ofrecen hombres, mujeres y niños convertidos en esclavos.

No podemos hacernos los distraídos. Todos estamos llamados a salir de cualquier forma de hipocresía, afrontando la realidad de que somos parte del problema.

El problema no está en la vereda de enfrente: me involucra.

No nos está permitido mirar hacia otra parte y declarar nuestra ignorancia o nuestra inocencia.

Una segunda gran tarea es la de actuar en favor de quienes son convertidos en esclavos: defender sus derechos, impedir que los corruptos y los criminales escapen de la justicia y tengan la última palabra sobre las personas explotadas.

No es suficiente que algunos Estados y organismos internacionales adopten una política particularmente dura al querer castigar la explotación de los seres humanos, si después no se afrontan las causas, las raíces más profundas del problema.

Cuando los países sufren pobreza extrema, sufren violencia y corrupción. Ni la economía, ni el marco legislativo ni las infraestructuras de base son eficaces; no logran garantizar la seguridad ni los bienes ni los derechos esenciales.

De este modo, es más fácil que los autores de estos crímenes sigan actuando con total impunidad. Además, hay un dato sociológico: la criminalidad organizada y el tráfico ilegal de seres humanos eligen sus víctimas entre las personas que hoy tienen escasos medios de subsistencia y todavía menos esperanzas para el futuro.

Para ser más claro: entre los más pobres, entre los más postergados, los más descartados.

La respuesta de base reside en crear oportunidades para un desarrollo humano integral, iniciando con una educación de calidad. Este es el punto clave, educación de calidad desde la primera infancia para seguir generando después nuevas oportunidades de crecimiento a través del empleo. Educación y empleo.

Este trabajo inmenso, que requiere valentía, paciencia y perseverancia, necesita un esfuerzo común y global por parte de los diversos actores que componen la sociedad.

También las Iglesias deben empeñar su tarea en esto.

Mientras individuos y grupos especulan vergonzosamente sobre la esclavitud, nosotros cristianos, todos juntos, estamos llamados a desarrollar cada vez más una mayor colaboración para que se supere todo tipo de desigualdad todo tipo de discriminación, que son precisamente las que hacen posible que un hombre pueda hacer esclavo a otro hombre.

Un compromiso común para afrontar este desafío será una ayuda valiosa para la construcción de una sociedad renovada y orientada a la libertad, a la justicia y a la paz.

Deseo que este fórum tenga buen éxito. Pido al Señor que los bendiga a ustedes y bendiga el trabajo que están haciendo.

Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias.

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