La Iglesia Católica en Irlanda fracasó en afrontar adecuadamente “los crímenes repugnantes” de abuso a menores, reconoció el Papa Francisco al iniciar su visita a ese país.

“El fracaso de las autoridades eclesiásticas, obispos, superiores religiosos y sacerdotes, al afrontar estos crímenes repugnantes ha suscitado justamente indignación y permanece como causa de sufrimiento y vergüenza para la comunidad católica. Yo mismo comparto estos sentimientos”, puntualizó el Santo Padre ante unas 200 autoridades, representantes de la sociedad civil e integrantes del cuerpo diplomático reunidos en el Castillo de Dublín.

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Recordó que su presencia en Irlanda se debe al encuentro Mundial de las Familias, al que consideró “un testimonio profético del rico patrimonio de valores éticos y espirituales, que cada generación tiene la tarea de custodiar y proteger”.

“Es en la familia donde cada uno de nosotros ha dado los primeros pasos en la vida. Allí hemos aprendido a convivir en armonía, a controlar nuestros instintos egoístas, a reconciliar las diferencias y, sobre todo, a discernir y buscar aquellos valores que dan un auténtico sentido y plenitud a la vida”, agregó.

Ante el auditorio de un país que ha legalizado el aborto y los matrimonios homosexuales, el Papa Francisco cuestionó: “¿Podemos decir que el objetivo de crear prosperidad económica conduce por sí mismo a un orden social más justo y ecuánime? ¿No podría ser en cambio que el crecimiento de una cultura del descarte materialista nos ha hecho cada vez más indiferentes ante los pobres y los miembros más indefensos de la familia humana, incluso de los no nacidos, privados del derecho a la vida?”

Llamó a “recobrar, en cada ámbito de la vida política y social el sentido de ser una verdadera familia de pueblos y de no perder nunca la esperanza y el ánimo de perseverar en el imperativo moral de ser constructores de paz, reconciliadores y protectores los unos de los otros”.

Los más vulnerables

Enseguida el Sumo Pontífice apuntó: “Soy consciente de la condición de nuestros hermanos y hermanas más vulnerables. Pienso especialmente en las mujeres que en el pasado han sufrido situaciones de particular dificultad.
“Considerando la realidad de los más vulnerables, no puedo dejar de reconocer el grave escándalo causado en Irlanda por los abusos a menores por parte de miembros de la Iglesia encargados de protegerlos y educarlos.

Tras reconocer el fracaso de las autoridades religiosas para afrontar esos “crímenes repugnantes, recordó que su predecesor, el Papa Benedicto XVI “no escatimó palabras para reconocer la gravedad de la situación y solicitar que fueran tomadas medidas verdaderamente evangélicas, justas y eficaces en respuesta a esta traición de confianza.

“Su intervención franca y decidida sirve todavía hoy de incentivo a los esfuerzos de las autoridades eclesiales para remediar los errores pasados y adoptar normas severas para asegurarse de que no vuelvan a suceder”.

El Papa Francisco manifestó su deseo por que “la gravedad de los escándalos de los abusos que han hecho emerger las faltas de muchos, sirva para recalcar la importancia de la protección de los menores y de los adultos vulnerables por parte de toda la sociedad.

“En este sentido, todos somos conscientes de la urgente necesidad de ofrecer a los jóvenes un acompañamiento sabio y valores sanos para su camino de crecimiento”.

Pasar a los hechos

En su oportunidad el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, pidió al Papa que “Utilice su cargo e influencia para garantizar justicia y verdad para las víctimas en todo el mundo. Solo puede haber tolerancia cero (en los casos de abusos). Hay que pasar de las palabras a los hechos”.

Coincidió con el Papa en que “el Estado y la sociedad en general fracasaron” a la hora de acabar con un sistema de abusos sistemático que sobrevivió durante años gracias a que las autoridades, en muchas ocasiones, protegieron a los responsables y ocultaron las denuncias.

Recordó el pasado “oscuro” de la Iglesia, que ha escrito una “historia de dolor y vergüenza”, en la que la “caridad, compasión y perdón cristiano” fue sustituido muy frecuentemente por la “severidad y crueldad, sobre todo hacia las mujeres, menores y los marginados”.

El líder irlandés subrayó la necesidad de construir “una nueva relación entre el Estado y la Iglesia… un nuevo pacto para el siglo XXI. Y espero que su visita marque el inicio de un nuevo capítulo en nuestra relación”.

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