Foto:Benhur Arcayan - Malacañang Photo Bureau

Este lunes 19 de marzo, día de San José, Jorge Mario Bergoglio cumplió cinco años como Papa Francisco. En ese lustro no todo ha sido miel sobre hojuelas, pues la Iglesia ha encarado escándalos por abusos sexuales en países como Chile y México, por lo cual ahora enfrenta una creciente pérdida de fieles y ataques a la libertad religiosa.

Pero es preciso destacar que también ha hecho grandes cosas para cambiar la imagen de la Iglesia Católica y, pese a las duras críticas, la mayoría de los especialistas cree que el Papa argentino ha iniciado una “nueva época”.

En cinco años ha emitido dos cartas encíclicas: la Lumen fidei (La luz de la fe) con motivo del Año de la Fe, que publicó el 5 de julio de 2013 —en la que colaboró también el papa emérito Benedicto XVI— y la encíclica Laudato sí (Alabado seas), sobre la protección de la Creación, que dio a conocer el 25 de marzo de 2015.

También redactó dos exhortaciones apostólicas: Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio) y Amoris laetitia, que es el documento papal publicado hace dos años (19 de marzo de 2016) y que ha sido objeto de fuertes críticas por parte de un ala conservadora de la Iglesia, que incluso ha tachado de herejías algunas de sus partes.

El 11 de marzo de 2015 publicó la bula papal en la que instituía la celebración del Jubileo de la Misericordia y otros 23 “motu proprio”. (decretos papales); el último el 12 de febrero, llamada Imparare a congendarsi (Aprende a regalar), que habla de regular la renuncia por motivos de edad de los titulares de algunos oficios de nombramiento pontificio.

En la Plaza de San Pedro o en el aula Pablo VI ha celebrado 219 audiencias generales los miércoles y los domingos ha rezado 286 Ángelus, o la oración de Regina Coeli, desde la ventana del palacio apostólico.

Los refugiados

En estos cinco años el Papa realizó 22 viajes internacionales y 18 a diversas localidades de Italia. El primer tema que abordó con firmeza fue el de los refugiados. A menos de cuatro meses de su pontificado (8 de julio de 2013), fue a la isla de Lampedusa, Italia, lugar de protección y cuidado de miles de personas en su camino desde los puertos del norte de África hacia las costas europeas.

Hizo otros viajes a territorios que sufren tensiones y conflictos graves, que necesitan ayuda para la reconciliación y la paz. Visitó países de mayoría musulmana, judía, protestante e, incluso, atea. Por mencionar algunas están las visitas a Cuba, Sri Lanka y República Centroafricana en 2015; Armenia, Georgia y Azerbaiyán en 2016, y Colombia, Myanmar y Bangladés en 2017.

Muy importantes fueron las visitas a las parroquias de la capital italiana como obispo de Roma y las que realiza los viernes a clínicas, casas familia, comunidades de rehabilitación o cárceles e incluso las reuniones privadas que sostiene con víctimas de sacerdotes pederastas.

Visitó cuatro continentes, le falta Oceanía. Muy significativos fueron los viajes en 2015 a Filipinas, Ecuador, Bolivia, Paraguay, EU, Kenia y Uganda; el de México en febrero de 2016, y los de Chile y Perú en enero de 2018.

Este último, el vigésimo segundo viaje apostólico, sobre todo el de Chile fue, para algunos críticos, el peor viaje de su pontificado. Pero no es del todo cierto. En aquella intensa jornada dio nueve discursos y tuvo varios encuentros con grupos sociales, pero muchos de ellos no fueron difundidos, salvo por las agencias católicas. Prevaleció el tema de pederastia, el costo del viaje y la quema de templos.

En algunos países recibió incluso amenazas de grupos fundamentalistas.

En suma, en cinco años recorrió 249 mil 297 kilómetros. Un total de seis vueltas al mundo.

“Internacionalización” de cardenales

Bergoglio se ha caracterizado también por “internacionalizar” el Colegio de Cardenales; convocó cuatro consistorios para la creación de nuevos purpurados y en total nombró a 61, entre ellos 49 electores, procedentes de todos los rincones del mundo y algunos de ellos de países que nunca habían estado representados, como El Salvador y Haití.

También proclamó 880 santos, aunque 800 de ellos eran los llamados mártires de Otranto, oficiando 12 ceremonias de canonización, nueve de ellas en el Vaticano y tres durante sus viajes a Sri Lanka, cuando canonizó a José Vaz en Colombo; en Washington a Junípero Serra y en Fátima, Portugal, a dos de los pastores de las apariciones de la Virgen, Francisco y Jacinta Marto.

Apenas el pasado 6 de marzo, Francisco recibió en audiencia al cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, y durante la audiencia autorizó la promulgación de los decretos relativos a los milagros atribuidos a la intercesión de los beatos Pablo VI (Giovanni Battista Montini) y Óscar Arnulfo Romero Galdámez, arzobispo de San Salvador.

Evangelio de compasión

En cinco años vimos a una Iglesia que predica un evangelio de compasión y misericordia, con una gran preocupación por los pobres y marginados; también a una institución abierta a la discusión, el debate y nuevas ideas, aunque todavía con sus asegunes.

Por ejemplo, no fue fácil abordar temas como el de las personas vueltas a casar.

Hay que recordar que el primer objetivo de Francisco fue hacer una limpieza en la administración de la Santa Sede, de ahí que los primeros días de su pontificado conformó a un grupo de ocho cardenales encargados de reformar la curia romana.

El grupo propuso una comisión especial para luchar contra los sacerdotes pederastas, que inició en marzo de 2014; la comisión concluyó sus funciones en diciembre de 2017, pero el Sumo Pontífice la reactivó el pasado 17 de febrero. Entonces, con la inclusión de nuevos miembros de 15 países de todos los continentes, entre quienes figuran algunas víctimas, nombró presidente al cardenal y arzobispo de Boston, Sean O’Malley.

El grupo de cardenales también creó tres comisiones para investigar los asuntos económicos de la Santa Sede y así surgió la Secretaría de Economía, que ahora coordina la gestión financiera del Vaticano. Francisco busca fortalecer la supervisión del Instituto para las Obras de Religión (banco del Vaticano) a fin de evitar el lavado de dinero.

En estos años, miles de personas se han sentido orgullosas de ser católicas, han regresado a los templos y comulgan con las ideas de su líder religioso precisamente porque es un Papa moderno, que ha hecho soplar nuevos vientos.

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