Presentan en el Vaticano la carta “Placuit Deo”.

“La salvación no puede reducirse simplemente a un mensaje, a una praxis o a una gnosis, ni siquiera a un sentimiento interior”, señala la carta “Placuit Deo” (“Dios decidió”) dada a conocer hoy por la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Con esta carta, dirigida a los obispos de la Iglesia católica, se espera “ayudar a los fieles para que tomen mayor conciencia de su dignidad de hijos de Dios”, manifestó monseñor Luis Francisco Ladaria Ferrer, prefecto de la Congregación.

En un acto realizado desde la oficina de prensa del Vaticano, el prefecto recordó que varios teólogos pidieron profundizar sobre algunos aspectos contenidos en la declaración “Dominus Iesus” (“Jesús, el señor”) dada a conocer en el año 2000, principalmente sobre el tema de la salvación cristiana.

Dicha declaración, publicada aún en el papado de Juan Pablo II (y dada a conocer por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación) tenía como base responder a una pregunta: ¿qué sentido tienen el Evangelio y la Iglesia si Cristo es un profeta más y todas las religiones son iguales?

La esencia de la declaración fue que Cristo es el único salvador, que lo es para todos los hombres y que esto es una verdad que está en la base misma del cristianismo desde sus orígenes.

La Congregación decidió entonces dividir la declaración en siete temas:

  1. 1) la convicción de la inaprensibilidad y la inexpresabilidad completa de la verdad divina;
  2. 2) la actitud relativista ante la verdad, por la cual aquello que es verdadero para algunos no lo sería para otros;
  3. 3) la contraposición radical entre mentalidad lógica occidental y mentalidad simbólica oriental;
  4. 4) el subjetivismo exasperado de quien considera la razón como única fuente de conocimiento;
  5. 5) el vaciamiento metafísico del misterio de la Encarnación;
  6. 6) el eclecticismo de quien en la reflexión teológica asume categorías derivadas de otros sistemas filosóficos y religiosos sin reparar en su coherencia interna ni en su incompatibilidad con la fe cristiana; y
  7. 7) la tendencia a interpretar textos de la Escritura fuera de la tradición y del magisterio de la Iglesia.

Ayer, monseñor Ladaria Ferrer explicó que en la carta “Placuit Deo” se expone que la comprensión del anuncio cristiano que proclama a Jesús como el único Salvador de toda la humanidad es percibida con dificultad por dos tendencias en el mundo contemporáneo: el individualismo, centrado en el sujeto autónomo que tiende a ver al hombre como un ser cuya realización depende únicamente de su fuerza, y la visión de una salvación meramente interior, la cual tal vez suscite una fuerte convicción personal o un sentimiento intenso de estar unidos a Dios, pero no llega a asumir, sanar y renovar nuestras relaciones con los demás y con el mundo creado.

“El Santo Padre, en su magisterio ordinario, muchas veces hace referencia a estas dos tendencias que se asemejan, en algunos aspectos, a dos antiguas herejías: el pelagianismo y el gnosticismo”, expuso el prefecto.

El pelagianismo debe su nombre al monje británico Pelagio, quien negó la existencia del pecado original y, con ello, la razón de ser del bautismo. Mientras el gnosticismo es la doctrina según la cual la salvación no depende del sacrificio de Cristo, sino del conocimiento individual de lo divino.

Ladaria Ferrer agregó: “ En nuestros tiempos prolifera una especie de neopelagianismo para el cual el individuo, radicalmente autónomo, pretende salvarse a sí mismo, sin reconocer que depende, en lo más profundo de su ser, de Dios y de los demás. La salvación es entonces confiada a las fuerzas del individuo o a las estructuras puramente humanas, incapaces de acoger la novedad del Espíritu de Dios.

“Y también un cierto neognosticismo, que presenta una salvación meramente interior, encerrada en el subjetivismo, que consiste en elevarse con el intelecto hasta los misterios de la divinidad desconocida”.

Por ello, puntualizó que en la carta “Placuit Deo” se reafirma “que la salvación consiste en nuestra unión con Cristo, quien, con su Encarnación, vida, muerte y resurrección, ha generado un nuevo orden de relaciones con el Padre y entre los hombres, y nos ha introducido en este orden gracias al don de su Espíritu, para que podamos unirnos al Padre como hijos en el Hijo, y convertirnos en un solo cuerpo en el ‘primogénito entre muchos hermanos’ (Rom 8, 29)”.

La Carta está dividida en seis puntos:

  1. 1) Introducción
  2. 2) El impacto de las transformaciones culturales de hoy en el significado de la salvación cristiana
  3. 3) Aspiración humana a la salvación
  4. 4) Cristo, Salvador y Salvación
  5. 5) La Salvación en la Iglesia, cuerpo de Cristo, y
  6. 6) Conclusión: comunicar la fe, esperando al Salvador

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