El Papa Francisco propuso formar una red de fraternidad encabezada por la Iglesia que permita acoger y ayudar a los que huyen de la guerra, la pobreza, del hambre y buscan refugio lejos de su patria.

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Jorge Mario Bergoglio realizó esta petición durante la audiencia que concedió este viernes 14 en el Vaticano a los promotores, organizadores y artistas del concierto “Navidad en el Vaticano” que se celebrará este sábado 15 de diciembre en el Aula Pablo VI.

El evento es promovido anualmente por la Congregación para la Educación Católica; lo que se recaude se entregará a las fundaciones Scholas Occurrentes y Don Bosco en el Mundo.

Durante su discurso, Francisco destacó que la Navidad “este año en particular, nos llama a reflexionar sobre la situación de muchos hombres, mujeres y niños de nuestro tiempo —migrantes, prófugos y refugiados— en marcha para escapar de las guerras, de las miserias causadas por las injusticias sociales y del cambio climático”.

Sobre la propuesta de red de fraternidad, el Papa explicó que debe formarse con la educación “en primer lugar para educar a los más pequeños entre los migrantes, es decir, aquellos que, en lugar de sentarse en las sillas de la escuela como tantos de sus coetáneos, pasan los días haciendo largas marchas a pie o en vehículos improvisados y peligrosos”.

Mensaje papal

Queridos amigos:

Nos estamos preparando para la celebración de la Navidad. El evento del nacimiento de Jesús, hace dos mil años, tuvo lugar en un contexto cultural preciso. Hoy, la Navidad se celebra en todo el mundo y se manifiesta de acuerdo con las costumbres y tradiciones más diversas, generando representaciones múltiples, a las que también vosotros, los artistas, contribuís con vuestros talentos y vuestra pasión.

La Navidad siempre es nueva, porque nos invita a renacer en la fe, a abrirnos a la esperanza, a reavivar la caridad. Este año, en particular, nos llama a reflexionar sobre la situación de muchos hombres, mujeres y niños de nuestro tiempo, -migrantes, prófugos y refugiados-, en marcha para escapar de las guerras, de las miserias causadas por las injusticias sociales y del cambio climático. Para dejarlo todo, -hogar, parientes, patria- y enfrentar lo desconocido, ¡se debe haber padecido una situación muy grave!

También Jesús venía “de otro lugar”. Moraba en Dios el Padre, con el Espíritu Santo, en una comunión de sabiduría, luz y amor, que quiso traernos con su venida al mundo. Vino a morar entre nosotros, en medio de nuestros límites y nuestros pecados, para darnos el amor de la Santísima Trinidad. Y como hombre nos mostró el “camino” del amor, es decir, el servicio, hecho con humildad, hasta dar la vida.

Cuando la violenta ira de Herodes se abatió sobre el territorio de Belén, la Sagrada Familia de Nazaret experimentó la angustia de la persecución y, guiada por Dios, se refugió en Egipto. El pequeño Jesús nos recuerda que la mitad de los refugiados de hoy en el mundo son niños, víctimas inocentes de la injusticia humana.

La Iglesia responde a estos dramas con muchas iniciativas de solidaridad y asistencia, de hospitalidad y acogida. Siempre hay mucho por hacer, hay tanto sufrimiento que aliviar y problemas por resolver. Necesitamos una mayor coordinación, acciones más organizadas, capaces de abrazar a cada persona, grupo y comunidad, de acuerdo con el diseño de la fraternidad que nos une a todos. Por eso es necesario formar una red.

Formar una red con la educación, en primer lugar, para educar a los más pequeños entre los migrantes, es decir, aquellos que, en lugar de sentarse en las sillas de la escuela como tantos de sus coetáneos, pasan los días haciendo largas marchas a pie o en vehículos improvisados. y peligrosos. También ellos necesitan formación para poder trabajar el día de mañana y participar como ciudadanos conscientes en el bien común. Y, al mismo tiempo, se trata de educarnos a todos en la acogida y la solidaridad, para evitar que los migrantes y los prófugos encuentren indiferencia o, peor aún, rechazo en su camino.

Formar una red con la educación significa hacer que las personas se levanten, que puedan volver a ponerse en camino con plena dignidad, con la fuerza y el coraje de enfrentar la vida, valorizando sus talentos y su trabajo.

Formar una red con la educación es una solución válida para abrir de par en par las puertas de los campos de refugiados, hacer que los jóvenes migrantes se incorporen en las sociedades nuevas encontrando solidaridad y generosidad y promoviéndolas a su vez.

Agradezco el proyecto de las Misiones Don Bosco en Uganda y el de Scholas Occurrentes en (Erbil) Irak, porque se han hecho eco de este llamamiento a “formar una red con la educación”, cooperando en la transmisión del mensaje de esperanza de la Navidad.

Desde siempre la misión de la Iglesia se ha manifestado a través de la creatividad y el genio de los artistas, porque ellos, con sus obras, consiguen llegar a los aspectos más íntimos de la conciencia de los hombres y de las mujeres de todas las edades. Por eso, a vosotros los aquí presentes, van mis gracias y mi aliento para que prosigáis con vuestro trabajo para encender en cada corazón el calor y la ternura de la Navidad.

¡Gracias y buen concierto!

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