La Santa Sede desmintió categóricamente que el expresidente colombiano Juan Manuel Santos y otros presidentes y ex mandatarios latinoamericanos tengan cuentas bancarias secretas con dinero oculto en el Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido como Banco del Vaticano.

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Por medio de un comunicado del director interino de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Alessandro Gisotti, difundido el viernes 11 de enero, el Vaticano negó la veracidad de la información del periódico colombiano El Expediente, que afirma que además del expresidente Santos, también tendrían dinero oculto Cristina Fernández, Luiz Inacio Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa, Raúl Castro, Daniel Ortega y Nicolás Maduro.

Según el periódico, existe una operación de lavado de dinero de líderes latinoamericanos que denomina “Ruta del dinero K” y que habría sido puesta en marcha por la expresidenta de Argentina Cristina Fernández “de la mano de su paisano el Papa Jorge Mario Bergoglio”.

Añade que Juan Manuel Santos figura como titular de la cuenta 001-3-16764 con un saldo de 390 millones de dólares, asociados a Inc Global Tuition & Education Insurance Corporation, la misma firma que apareció en el informe conocido como “Papeles del paraíso”, que señalaba dineros ocultos en Barbados.

Alessandro Gisotti señala en el comunicado que “luego de verificar con las autoridades competentes, puedo afirmar que ninguna de las personas mencionadas en el artículo de El Expediente ha tenido jamás una cuenta bancaria en el IOR, ni la tiene actualmente, ni tiene firma de delegación en cuentas a terceros, ni tendría –bajo las bases de las nuevas normas adoptadas por el instituto– algún título para acceder a alguna operación en él. Los documentos presentados como prueba son falsos. El IOR se reserva la facultad de emprender acciones legales”.

¿Qué es el Instituto para las Obras de Religión (IOR)?

Es una institución de la Iglesia católica con personalidad jurídica propia.
Es conocido comúnmente como el Banco del Vaticano, en otros tiempos se le denominó el Banco del Papa.

Sus orígenes se remontan a la Comisión de Causas Pías, fundada en 1887 por el Papa León XIII, pero tal como se le conoce fue fundado por el Papa Pío XII en 1942 con el propósito de conservar y administrar los bienes confiados al instituto por personas físicas o jurídicas que tengan por objetivo actividades religiosas o caritativas.

Entre otras funciones, permite a la Santa Sede administrar sus recursos y sirve para financiar a las iglesias con mayores necesidades económicas situadas en los países más pobres.

Según Wikipedia -datos del 2013- el IOR administra fondos por un valor de 7 mil millones de euros y cuenta con casi 19 mil usuarios, de los cuales unos 5 mil 200 son instituciones católicas, que tienen la titularidad de más del 85 por ciento de los fondos administrados; y 13 mil 700 son personas, entre las que se encuentran religiosos, empleados de la Ciudad del Vaticano y otros autorizados, como pueden ser los enviados diplomáticos ante la Santa Sede.

El IOR fue reformado en 1989 por Juan Pablo II debido a los escándalos ocurridos en la crisis del Banco Ambrosiano. El director del instituto entonces era monseñor Paul Casimir Marcinkus, quien manejó durante casi 20 años -desde 1972 hasta su retirada en 1989- la institución, lo que permitió una gran libertad de movimientos.

En 2010 el Papa Benedicto XVI promulgó una nueva ley para prevenir el lavado de dinero y una de sus últimas decisiones antes de renunciar al papado fue la del nombramiento del abogado alemán Ernst von Freyberg, perteneciente a la Orden de Malta, como director de la entidad.

En noviembre de 2015, el Papa Francisco nombró a Gian Franco Mammì como director de la entidad, reemplazando a Jean-Baptiste de Franssu, quien la presidía desde julio de 2014.

La dirección del IOR es la responsable de toda la actividad operativa de la entidad, gobernada también por una comisión cardenalicia, un prelado que sigue su gestión, un colegio de revisores y un consejo de vigilancia.

El 1 de octubre de 2013 el instituto hizo público su informe anual por primera vez en su historia. En él se detalla un beneficio neto de 86.6 millones de euros en 2012; cantidad que permitió al IOR aportar una contribución de 54.7 millones de euros al presupuesto de la Santa Sede.

Y en su balance anual de 2017 “el IOR continuó con prudencia a proveer servicios financieros a la Iglesia Católica esparcida en todo el mundo y al Estado de la Ciudad del Vaticano”.

El Instituto informa en un comunicado que ha servido a alrededor de 15 mil clientes representativos de 5.3 mil millones de euros de recursos financieros (5.7 mil millones de euros en 2016) de los cuales, alrededor de 3.5 mil millones son relativos al ahorro administrado y en custodia”.

La política de inversión del Instituto ha “permanecido prudente y ha estado alineada con las estrategias de los años anteriores. El Instituto ha continuado el proceso de optimización de los costos, iniciado en los años anteriores, reduciéndolos a 18.7 millones de euros (19.1 millones en 2016)”, continúa el comunicado y agrega que “hasta el 31 de diciembre de 2017 el patrimonio del Instituto al neto de la distribución de las ganancias equivale a 627.2 millones de euros, correspondiente a un capital Tier 1 del 68.26 por ciento, (64,53por ciento en 2016), que evidencia la elevada solvencia del instituto y el perfil de bajo riesgo”.

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