Papa Francisco se reune con obispos chilenos.
Foto: Arzobispado de Santiago.

Treinta y cuatro obispos de Chile —31 ordinarios y auxiliares y tres eméritos— se reunieron la tarde de martes 15 de mayo con el Papa Francisco, en la auletta del Aula Pablo VI, para abordar temas candentes de la iglesia chilena: la pederastia y su encubrimiento.

En esta primera reunión, el Santo Padre le entregó a cada uno de los prelados un texto con algunos temas que meditar: “desde este momento y hasta la próxima reunión, se abre un tiempo dedicado exclusivamente a meditar y orar”, subrayó el vocero vaticano, Greg Burke.

En la reunión del martes participó también el cardenal canadiense Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos. El miércoles, según contaron algunos prelados a la Tercera de Chile, a su llegada a la Casa Romana del Clero la cita estuvo “bien”; el Papa “nos escuchó” y hubo un diálogo en grupo sobre el texto que Francisco les entregó para “meditar y orar”.

Entre los obispos que viajaron de Chile a Roma se encuentra Juan Barros —uno de los cuatro acusados por las víctimas de encubrir los delitos—, así como el cardenal Francisco Errázuriz, arzobispo emérito de Santiago y miembro del G9, el grupo de cardenales consultores de Francisco.

El lunes 14 de mayo por la tarde, durante una conferencia de prensa en la sede de la Secretaría de Comunicación, Fernando Ramos, obispo auxiliar de Santiago y secretario general de la Conferencia Episcopal (CEC), y Juan Ignacio González Errázuriz, obispo de San Bernardo, asesor de la CEC en materias jurídicas y canónicas y miembro del comité permanente de la misma conferencia, expusieron su visión en relación a los encuentros que mantendrán con el Vicario de Cristo.

En el encuentro con periodistas de la fuente, ambos prelados reafirmaron el deseo de “restablecer la comunión y la justicia” con las víctimas.

El obispo Fernando Ramos reconoció que “si las víctimas siguen molestas es que no hemos hecho bien nuestro trabajo. Quizá tengamos que pedir perdón 70 veces siete”.

Tras recordar la carta del Papa en la que los llamó a hablar sobre estos “dos grandes temas”, y el nuevo informe emitido por la Santa Sede, en el que se hacen precisiones respecto a los coloquios que mantendrán, el secretario de la CEC precisó que “el marco de estos encuentros se referirá a temas de abusos de poder, abusos de conciencia y abusos sexuales que han ocurrido en las últimas décadas en la iglesia chilena, así como a los mecanismos que han llevado en algunos casos a su encubrimiento y a las graves omisiones hacia las víctimas”.

Un segundo punto, añadió Ramos, “es compartir las conclusiones del Santo Padre derivadas del informe de Charles Scicluna, y un tercer punto es invitarnos a hacer un largo proceso sinodal de discernimiento para ver las responsabilidades de todos y cada uno en estas terribles heridas que son los abusos, además de buscar los cambios necesarios para que no se repitan”.

El prelado explicó cómo se disponen a realizar los coloquios: “Nuestra actitud es, en primer lugar, de dolor y vergüenza. Dolor, porque, lamentablemente, hay víctimas: hay personas que son víctimas de abusos, y eso nos causa un profundo dolor. Y la vergüenza, porque estos abusos se han producido en ambientes eclesiales que son justamente aquellos en donde no debieron ocurrir jamás este tipo de abusos.

“Con toda humildad queremos escuchar lo que él tendrá para decirnos”, agregó el Auxiliar de Santiago, y aludió a una tercera actitud, de “apertura al discernimiento en conjunto con el Santo Padre, tanto personal como comunitario, de todos los obispos de Chile”, que conlleve a este proceso sinodal, que permitirá renovar la iglesia chilena.

En relación con el tema del perdón, los obispos se hicieron fuertes del ejemplo del Papa Francisco: “Él nos ha dado un ejemplo claro de lo que tenemos que hacer. Él mismo reconoció que cometió un error y si es necesario lo vamos a hacer (pedir perdón) las veces que sea necesario”.

La historia

Las víctimas son Juan Andrés Murillo, Juan Carlos Cruz y James Hamilton, quienes habrían sido abusados sexualmente por el ex párroco de El Bosque, Fernando Karadima, en los años 90.

Los hechos fueron revelados por las víctimas al periódico The New York Times en abril de 2010, y fue gracias a ello que tres meses después la Congregación para la Doctrina de la Fe inició una investigación y concluyó con un decreto dado a conocer el 16 de enero de 2011, que reza:

  1. Sobre la base de las pruebas adquiridas, el Rvdo. Fernando Karadima Fariña es declarado culpable de los delitos mencionados en precedencia y, en modo particular, del delito de abuso de menor en contra de más víctimas, del delito contra el sexto precepto del Decálogo cometido con violencia y de abuso de ministerio a norma del canon 1389 del CIC. (empero)
  2. En consideración de la edad y del estado de salud del Rvdo. Fernando Karadima Fariña, se considera oportuno imponer al inculpado de retirarse a una vida de oración y de penitencia, también en reparación de las víctimas de sus abusos.
  3. Se impone también, de acuerdo al canon 1336 1, 3o, la pena expiatoria de prohibición perpetua del ejercicio público de cualquier acto de ministerio, en particular de la confesión y de la dirección espiritual de toda categoría de personas.

El sacerdote no cumplió ninguna pena en la justicia civil chilena porque sus delitos habían prescrito: ¡nadie fue acusado de encubrimiento!

Las víctimas quedaron inconformes, aunque pidieron revisión, por eso en la visita de hace unos meses del Papa a Chile, las víctimas armaron un gran alboroto con justa razón. Esa gran presión mediática llevó a que el pontífice reabriera el caso y envió al fiscal especializado a Nueva York y a Chile para hallar evidencias del encubrimiento.

Erráuzuriz lo niega

El arzobispo Javier Erráuzuriz negó el martes que haya encubierto al sacerdote Karadima, pero reconoció que la popularidad del cura y su habilidad para atraer seminaristas afectó sus decisiones.

Errázuriz escribió una carta el 10 de mayo a sus compañeros de la jerarquía eclesiástica chilena en la que defendió su manejo del escándalo de abusos sexuales y encubrimiento. En la misiva insiste que se atuvo a la ley canónica al esperar más de cinco años antes de empezar a investigar a Fernando Karadima. Inició el proceso apenas en 2009.

Errázuriz escribió que había sido “difícil” alcanzar el estándar requerido por El Vaticano de estar convencido de que la denuncia era “al menos verosímil”, dada la popularidad de Karadima.

“Se acusaba a un sacerdote de gran convocatoria pastoral, cuya predicación había enriquecido a más de 30 jóvenes que habían sido ordenados sacerdotes, y a cuatro sacerdotes que habían sido consagrados obispos”, escribió Errázuriz. “Además… inspiraba una asociación formada por jóvenes y presbíteros que propagaban su fama”.

Si bien desde hace tiempo las víctimas de abuso sexual acusan al Vaticano y a la jerarquía católica de proteger a los curas depredadores —en particular a los que atraen nuevas vocaciones y donaciones—, es inusual que un obispo reconozca francamente que tuvo en cuenta esas consideraciones al decidir si creía o no en una denuncia.

No obstante, las víctimas de Karadima han acusado a Errázuriz de protegerlo. Reiteraron sus acusaciones semanas atrás, al cabo de cuatro días de reuniones con Francisco, quien dio un viraje de 180 grados después de desacreditar inicialmente a las víctimas.

Errázuriz se cura en salud al decir “es claro que no hubo de mi parte ni delito, ni crimen, ni encubrimiento alguno”. Aseguró que quería dejar en claro los hechos (como le exhortaron personas a las que no identifica), porque “durante las últimas semanas se me ha difamado públicamente y, en repetidas oportunidades, me han tildado de encubridor, delincuente, criminal y persona despreciable”.

“La distancia ocasionó en las víctimas un dolor inmerecido que no tuve la intención de causar”, escribió. “Lamento profundamente que esa herida aún no haya sanado”.

Errázuriz se encuentra en Roma para las reuniones con Francisco, así como tres obispos formados por Karadima, a los que previsiblemente se les pedirá la renuncia.

En un primer momento, se dijo que Errázuriz había anunciado que no participaría en la reunión convocada por Francisco porque acababa de volver de Roma y ya le había dejado al Papa un largo informe sobre el particular.

Las víctimas James Hamilton, José Andrés Murillo y Juan Carlos Cruz han acusado a Errázuriz de encubrir sus denuncias para proteger al ex párroco de El Bosque.

En medios eclesiásticos chilenos se comenta que Juan Barros, obispo de Osorno; Horacio Valenzuela, obispo de Talca; Tomislav Koljatic, obispo de Linares; y Andrés Arteaga, uno de los obispos auxiliares de Santiago de Chile, han presentado ya su renuncia al Papa y serán sustituidos en las próximas semanas.

El Papa hará justicia, esta vez no habrá tolerancia… Francisco ha dicho que “es fundamental restaurar la confianza en la Iglesia mediante pastores buenos que testimonien con su vida el haber conocido la voz del Buen Pastor: que sepan acompañar el sufrimiento de las víctimas y trabajar de manera decidida e incansable en la prevención de los abusos”.

Quizá sí perdón y, con tiempo, olvido…

No está previsto que se haga declaración alguna “ni durante ni después de las reuniones, que se desarrollarán en estricta confidencialidad”.

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