La Santa Sede informó hoy mediante un escueto comunicado, sólo dos líneas:

“El Santo Padre ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Adelaide (Australia), presentada por S.E. Mons. Philip Edward Wilson”.

¿Quién es Monseñor Wilson, y por qué renuncia?

Desde el año 2000 se desempeñaba como arzobispo de Adelaide, Australia. Tiene sólo 67 años y le faltaban 8 para su retiro, de acuerdo a la legislación eclesiástica, pero se le abrió un proceso penal por el delito de encubrimiento. Hace unas semanas el juez Robert Stone determinó que Philip Edward Wilson encubrió los abusos sexuales perpetrados por el fallecido sacerdote James Fletcher en la década de los 70, al no haber trasladado las denuncias de las víctimas a la policía. Por ello fue declarado culpable por un Tribunal australiano de Newcastle y condenado a 12 meses de prisión.

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Como era de esperarse, Wilson se apartó “temporalmente” del cargo desde el pasado 23 de mayo. Días después el 3 de junio el Papa Francisco nombró al jesuita Gregory O’Kelly para ocupar su puesto, en calidad de administrador apostólico “sede plena”.

Como era de esperarse, Wilson se apartó temporalmente del cargo desde el pasado 23 de mayo. La legislación eclesiástica señala que el Papa, por causas particularmente graves o importantes, como es el caso, puede de manera extraordinaria disponer que en una diócesis sea nombrado un administrador apostólico “sede plena”. Así, días después el 3 de junio, el Papa Francisco nombró al jesuita Gregory O’Kelly para ocupar este puesto. O’Kelly es obispo de la ciudad australiana de Port Pirie desde el año 2009 y fue ordenado sacerdote jesuita en Adelaida en 1972.

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La renuncia del prelado era de esperarse, fue “por el bien de la iglesia Australiana”.

De hecho la renuncia fue obligada, se comenta que le fue solicitada al mismísimo papa Francisco por el premier australiano Malcolm Turnbull; el jefe de la oposición laborista, Bill Shorten y el National Council of Priests of Australia, “por el bien de la Iglesia australiana”.

“A pesar de que mi dimisión no había sido solicitada, he tomado esta decisión porque estoy preocupado por el aumento del nivel de sufrimiento que mi reciente condena ha causado en el interior de la comunidad”, explica el mismo arzobispo en una carta publicada en el sitio de la diócesis.

Y agrega “esperaba atrasar esta decisión hasta el final del proceso de apelación. Sin embargo hay demasiada angustia en el mantenimiento de mi papel de arzobispo de Adelaide, sobre todo por las víctimas”.

Concluye diciendo “debo poner fin a todo esto y por eso considero que mi dimisión es el único paso apropiado en esta situación”.

¿Qué paso?

A finales de los años setenta y principios de los noventa el sacerdote Jim Fletcher abusó de dos niños monaguillos en la región de Hunter, años después fue condenado, sin embargo, el cura murió en prisión en el año de 2006, apenas un año después de ser condenado.

Empero, Fletcher también violó a cuatro altar boys que servían la diócesis de Maitland, donde Wilson desarrollaba su ministerio sacerdotal mucho antes que, el hoy santo, Juan Pablo II lo nombrase obispo de Wollongong en 1996 y cinco años después, en 2001, obispo de Adelaide.

Como era de esperarse el prelado dimitido hoy siempre ha manifestado su inocencia, incluso bajo juramento, pero se comprometió a que en caso de no verse favorecido con la justicia, presentaría su renuncia inmediatamente a la Santa Sede, cosa que hizo este lunes 30 de julio.

Su abogado defensor a manifestado en el tribunal que Wilson nunca había sido condenado por delitos sexuales ni había indicaciones que hubiera estado relacionado en alguno de los delitos cometidos por Fletcher, además el abogado advirtió el riesgo de “ser visto en la población carcelaria como pederasta y por tanto expuesto a agresiones por parte de los otros detenidos”.

La defensa presentó informes médicos con detalles de las condiciones de salud del obispo en los que, además del Alzheimer, diabetes y problemas de corazón, se afirmaba que la cárcel pondría en riesgo su salud.

En unos días más -14 de agosto- el juez se decidirá si el prelado podrá obtener el arresto domiciliario, y cumplir sólo seis meses de prisión.

Hay reacciones

Mediante un comunicado, los obispos de Australia han declarado que esperan que esta condena pueda dar “una sensación de paz y curación a los abusados por el sacerdote fallecido” y reconocen que los efectos del abuso sexual “pueden durar toda la vida”.

“Se necesita un gran coraje para que los sobrevivientes se acerquen a contar sus historias” dicen los obispos y aseguran que gracias a ellos han podido aprender la lección de su “vergonzosa historia de abuso y ocultamiento”.

En tanto, el obispo Greg O’Kelly, administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Adelaida también ha dicho que “debemos ser conscientes del impacto en los sobrevivientes, en sus familias y en todos aquellos que los aman”.

“Fui testigo de la angustia y el dolor de las víctimas” – dice – y pide que la Iglesia continúe haciendo todo lo posible para escuchar y apoyar a las víctimas, pues es fundamental “nuestro compromiso con la seguridad de cada niño en nuestra Iglesia y en nuestras escuelas”, concluye.

Es evidente que el papa Francisco no tolerará ya esos pecados de encubrimiento.

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