Misa en el estadio de béisbol de Nagasaki
Misa en el estadio de béisbol de Nagasaki

El domingo 24 de noviembre y en el contexto de su visita apostólica, el Papa Francisco visitó las dos ciudades afectadas por las bombas atómicas: Nagasaki e Hiroshima.

En el estadio de beisbol de Nagasaki celebró un servicio religioso con la presencia de unos 35 mil fieles, entre ellas, ciudadanos de China y Corea.

La oración de los fieles fue llevada en varios idiomas: en español, coreano, tagalo, japonés y vietnamita por 5 fieles, entre los que se encontraba un niño.

Misa en el estadio de béisbol de Nagasaki

Misa en el estadio de béisbol de NagasakiEn cuanto a las ofrendas, un grupo de personas, incluidos varios menores y dos mujeres ataviadas con trajes tradicionales, entregaron las mismas al Santo Padre ante el altar.

“Nagasaki lleva en su alma una herida difícil de curar, signo del sufrimiento inexplicable de tantos inocentes; víctimas atropelladas por las guerras de ayer pero que siguen sufriendo hoy en esta tercera guerra mundial a pedazos. Alcemos nuestras voces aquí en una plegaria común por todos aquellos que hoy están sufriendo en su carne este pecado que clama al cielo”, pidió el Papa.

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Durante su homilía, Francisco reflexionó sobre las palabras del buen ladrón a Cristo: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Allí, en el Monte Calvario “muchas voces callaban, tantas otras se burlaban, tan sólo la del ladrón fue capaz de alzarse y defender al inocente sufriente; toda una valiente profesión de fe”, apuntó.

También señaló que “está en cada uno de nosotros la decisión de callar, burlar o profetizar” y exhortó a alzar las voces en una plegaria común “por todos aquellos que hoy están sufriendo en su carne este pecado que clama al cielo, y para que cada vez sean más los que, como el buen ladrón, sean capaces de no callar ni burlarse, sino con su voz profetizar un reino de verdad y justicia, de santidad y gracia, de amor y de paz”.

Antes de la bendición final, el arzobispo de Nagasaki, monseñor Joseph Mitsuaki Takami, agradeció también al Pontífice su visita al Monumento de los Mártires, que ha inspirado su “fe y empeño misionero”.

Después de las palabras del prelado, el Papa Francisco entregó al arzobispo un cáliz como recuerdo de su visita apostólica a Nagasaki.

La Virgen de Nagasaki

Cuando el Papa celebra un servicio religioso en sus viajes apostólicos, suele colocarse en el altar la devoción mariana del país que visita; sin embargo, esta vez la imagen que lo acompañó en Nagasaki tiene un significado adicional: se trata del busto de una escultura de María que sobrevivió a la explosión de la bomba atómica de 1945.

Virgen de Nagasaki
Virgen de Nagasaki

La llaman la Virgen de Nagasaki o la Virgen Quemada, y se encontraba en el altar de la antigua Catedral de Urakami el 9 de agosto de 1945, a medio kilómetro de donde estalló la bomba atómica.

Originalmente el busto era parte de una obra en talla de madera elaborada en el extranjero y obsequiada en 1920. Estaba inspirada en la Inmaculada Concepción, del pintor español Bartolomé Esteban Murillo.

La arquidiócesis de esa ciudad cuenta con apenas 61mil 242 católicos y en el último año se bautizaron 402 personas; son atendidos por 91 sacerdotes diocesanos, 44 curas regulares y 5 seminaristas. Los institutos religiosos masculinos cuentan con 60 miembros y los femeninos con 682 religiosas.

En una foto difundida ayer por La Oficina de Prensa de la Santa Sede, el papa Francisco denuncia la guerra en Nagasaki, Japón, hace muchísimos años.

El fruto de la guerra

Cabe ahora recordar la elocuente imagen difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede el 30 de diciembre de 2017 en la que se aprecia a un niño japonés que lleva sobre su espalda el cuerpo sin vida de su hermano, muerto en el bombardeo atómico de Nagasaki y que espera su turno en el crematorio. La imagen estába acompañada de la firma del papa, bajo el simple comentario: “…el fruto de la guerra”.

LA HISTORA COMPLETA EN: El fruto de la guerra

Foto:Joseph Roger O’Donnell (1945)

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