La mañana del 17 de enero el papa Francisco recibió en en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a los dirigentes -Jefe y Prefecto-, y al personal de la Inspección de Seguridad Pública en el Vaticano, y les dijo:

“Agradezco al Jefe de Policía las amables palabras que me ha dirigido en vuestro  nombre; doy la bienvenida y felicito al prefecto Felice Colombrino y al dirigente Luigi Carnevale, que han asumido sus funciones en fecha reciente…”

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Les dio las gracias por su trabajo de vigilancia y orden público con peregrinos y turistas que llegan de todo el mundo a la Basílica de San Pedro, ven facilitada su visita.”

Los exhortó “a que perseveren y busquen lo mejor en su estilo operativo esforzándose en acoger a todos con tanta paciencia y comprensión, incluso en aquellos momentos en los que se hace sentir el cansancio o el peso de situaciones desagradables”.

Y también les dio las gracias por “aquellos momentos en que siente el cansancio o el peso de las situaciones desagradables…”

“¡Les agradezco tanto por su profesionalidad y generosidad!” expresó el Obispo de Roma, reconociendo en el servicio cotidiano, “de día y de noche” que presta la policía italiana la “disponibilidad” y el “espíritu de sacrificio”: “me inspira admiración y edificación”, dice el pontífice.

Vuestro servicio diario -dijo el Papa-, está encaminado a vigilar día y noche la Plaza de San Pedro y el Vaticano; estáis siempre en vuestro puesto con cualquier situación climática, favorable o adversa. Cuando pienso en vuestra disponibilidad y vuestro espíritu de sacrificio, me siento admirado y edificado, y también me da algo de vergüenza cuando pienso en tantas personas que se dicen cristianas y que no están a la altura de vuestro ejemplo.

El Papa Francisco retoma las palabras del Jefe de la Policía sobre el “sentido de pertenencia” y advierte que “existe el peligro de perderlo en esta sociedad”. “Ustedes – dice – custodian la plaza, custodian mis viajes, custodian tantas cosas, pero les pediré un favor: esfuércense por custodiar las raíces de la ciudad, de la patria, de la cultura. Porque, asegura el Papa, “esta civilización corre el peligro de volverse ‘desarraigada’, y nosotros sabemos que sin raíces no se crece”. “Esfuércense en custodiar las raíces que nos dan identidad… que será transmitida a nuestros hijos”.

Al final pidió su tradicional “por favor recen  por mí….”Para leer el discurso completo, haga click aquí.