El cardenal Carlos Aguiar Retes indicó que los cambios realizados en la estructura de la Arquidiócesis de México, se llevan a cabo  “sobre la base de lo ya establecido, a partir de programas troncales y comunitarios que generen una mayor cercanía con los fieles”.

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Porque indicó  “no se trata de romper con todo lo trabajado y que ha dado buenos frutos”, pero “sí de estar atentos para actualizar nuestra perspectiva y crear nuevos hábitos, según sean necesarios para cumplir con la misión de la Iglesia”.

“La sociedad vive un cambio de época, y no una simple época de cambios. En un cambio de época, se transforma la manera en que el ser humano ve el mundo y se sitúa en él, con un conjunto determinado de ideas, valores, lenguajes y símbolos, que configuran el pensamiento común en un lapso histórico” puntualizó el también arzobispo primado de México.

Reconoció que la velocidad de los modos de vivir es intensa y acelerada. La dinámica familiar en que crecen los niños, adolescentes y jóvenes está en contraste con lo vivido por los actuales adultos. La forma en que las personas se ganan la vida es distinta a la de hace apenas algunas décadas. Estos cambios, indicó se acentúan particularmente en grandes ciudades como la Ciudad de México.

Aguiar Retes, recordó que el Papa Francisco dijo que “los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente, nuestra nuestra actitud debe moverse continuamente, según los signos de los tiempos”.

De ahí que la iglesia de la Ciudad de México “necesita estar atenta a estos cambios y responder a los mismos… especialmente hoy que los grandes referentes de la cultura y la vida cristiana están siendo cuestionados”.

Por eso, enfatizó los cambios “no significa entregarnos desenfrenadamente a levantar nuevas fachadas, sino a procurar que desaparezca –en la medida de lo posible– lo que es nuestro, para que aparezca mejor lo que es suyo, lo que es de Cristo”.

Ante esta situación, manifestó la Arquidiócesis de México “requiere de cambios sobre la base de lo ya establecido, a partir de programas troncales y comunitarios, que abonen a la comunión eclesial mediante el diseño de las líneas generales de gobierno, que den dirección a la labor pastoral, que permitan brindar una atención debida al presbiterio, generen una mayor cercanía con los fieles y fortalezcan nuestra identidad arquidiocesana. No se trata de romper con todo lo que ya se ha trabajado y que ha dado buenos frutos, pero sí de estar atentos para actualizar nuestra perspectiva y crear nuevos hábitos, según sean necesarios para cumplir con la misión de la Iglesia”.

Se necesita, sostuvo el arzobispo primado “ser una Iglesia en salida, que esté al servicio de la sociedad y sea fiel reflejo de Cristo…nuestra preocupación por preservarla como institución no sea para que la Iglesia viva, sino para que la Iglesia sirva”.

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