Abril es un mes negro para los mexicanos, no sólo porque durante este lapso tres sacerdotes perdieron la vida como consecuencia de hechos violentos, sino porque sectores como el estudiantil también se han visto afectados de manera cruenta y sin razón; “estamos en el círculo de sangre”, afirmó el Centro Católico Multimedial (CCM).

En un editorial difundido este sábado 28 de abril en su sitio web, el CCM hace un recuento no sólo de los hechos recientes de violencia, como el secuestro, homicidio y disolución de los cadáveres de tres estudiantes de cine de Guadalajara; el intento de secuestro sucedido en una preparatoria de Ciudad Victoria en el que un joven perdió la vida y otros cuatro resultaron heridos por arma de fuego, sino de todas las formas en que la juventud de nuestro país está siendo agredida.

“La juventud es blanco del delito. Todos los días hay niñas o adolescentes desaparecidas; cada semana, hay jóvenes involucrados en la comisión de delitos de alto impacto, cotidianamente son presa del crimen organizado para reclutarlos como sicarios ante las carencias de empleo y la falta de oportunidades cancelando cualquier futuro decente”, subraya el CCM.

México “está despreciando la savia y potencial de la juventud anteponiendo pragmatismo y utilitarismo para exprimirlos como mercancía política y carne de cañón del delito. Estamos en el círculo de sangre”, se afirma.

El editorial concluye afirmando que la juventud debe luchar por su propia vida: “En el pasado, se organizó para transformar y revolucionar. Generaciones se levantaron para marchar cimbrando las calles por derechos civiles, garantías y libertades. Fueron capaces de estremecer sistemas enteros que cayeron por el peso de sus mismos pecados al despreciar y suprimir a los seres humanos. Hoy, jóvenes luchan por algo más valioso: está en juego su vida misma”.

Aquí el texto completo:

Nuestros jóvenes en el círculo de sangre

La crueldad de este abril negro es peor porque tuvo destinatarios específicos: nuestros jóvenes

Se ha dicho que este fue un abril negro, pero no sólo por el dolor que embarga a la Iglesia ante la muerte de tres sacerdotes bajo circunstancias violentas. Lo fue también por emblemáticos casos que revelan las condiciones dramáticas, difíciles y espantosas poniendo en riesgo más que las instituciones o la permanencia de las entidades políticas. Se juega nuestra vida social misma.

La sociedad mexicana ha sido literalmente bombardeada por la cascada de información relativa al desprecio, sometimiento y degradación de la vida; corre a la par una competencia por el poder político sostenida por reprobable propaganda hecha para explotar este drama utilizando el miedo de los mexicanos, obnubilando la auténtica responsabilidad del oficio de la política echando mano del no veo, no oigo y no escucho, destruyendo así nuestro tejido social.

La crueldad de este abril negro es peor porque tuvo destinatarios específicos: nuestros jóvenes, esos que son objeto de labia y de los tentáculos de políticos y candidatos, mismos que se extienden por ser el voto más preciado en este proceso electoral. Tres estudiantes de cine de la Universidad de Guadalajara fueron borrados de la existencia consumiéndolos en ácido; el responsable es presuntamente un joven rapero alquilándose por 3 mil pesos para destruir; su poder eran las redes sociales con acordes de apología estridente de odio y furia.

Una víctima más en este abril negro fue un joven sacerdote de 33 años de la Arquidiócesis de Guadalajara. En la parroquia, lugar que se supone seguro, confiable y respetable por ser recinto sacro; súbitamente, balas certeras le acribillaron, segando su vida apagando el futuro de un ministerio que apenas nacía a los demás para transmitir una Buena Noticia de vida.

En Ciudad Victoria, jóvenes atacados en su preparatoria por un comando armado que la emprendió contra ellos con alto poder de fuego, víctimas colaterales de un frustrado secuestro. Los agresores también eran jóvenes dedicados al delito, quienes no tuvieron razón ni corazón para propiciar esta destrucción. Este abril negro es también el mes 43 desde la desaparición de otros 43 jóvenes en septiembre de 2014, enmarcado por protestas violentas que exigen la esencial justicia y tenerlos vivos entre nosotros.

Estos casos no son únicos. Persisten noticias menos mediáticas de agresiones donde la juventud es blanco del delito. Todos los días, hay niñas o adolescentes desaparecidas; cada semana, hay jóvenes involucrados en la comisión de delitos de alto impacto, cotidianamente son presa del crimen organizado para reclutarlos como sicarios ante las carencias de empleo y la falta de oportunidades cancelando cualquier futuro decente.

Como afirmó el Papa emérito Benedicto XVI, nuestros jóvenes “no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad y desconcierto…” México está despreciando la savia y potencial de la juventud anteponiendo pragmatismo y utilitarismo para exprimirlos como mercancía política y carne de cañón del delito.

Estamos en el círculo de sangre. En el pasado, la juventud se organizó para transformar y revolucionar. Generaciones se levantaron para marchar cimbrando las calles por derechos civiles, garantías y libertades. Fueron capaces de estremecer sistemas enteros que cayeron por el peso de sus mismos pecados al despreciar y suprimir a los seres humanos. Hoy, jóvenes luchan por algo más valioso: está en juego su vida misma.

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