El 2 de octubre de 1928 el sacerdote español Josemaría Escrivá de Balaguer, canonizado por el Vaticano en 2002, puso en Madrid la primera piedra de lo que años después se denominaría Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei… Años después -en 1975- cuando falleció, su proyecto contaba con unos 60 mil seguidores de 80 nacionalidades distintas, hoy es enorme…

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Siete años después con la Constitución Apostólica Ut sit con fecha del 28 de noviembre de 1982 el papa Juan Pablo II erigió al Opus Dei en la primera prelatura personal de la Iglesia católica y puso al frente al hoy beato Álvaro del Portillo Diez de Sollana. A su muerte en 1994, le sucedió Javier Echevarría, quien fue ordenado obispo un año después.

En diciembre de 2016 muere Javier Echeverría a causa de una insuficiencia respiratoria, y días después -el 22 de diciembre de 2016-, la Oficina de Prensa del Opus Dei anunció inició el proceso para la elección de su nuevo Prelado. En enero fue nombrado el hasta ese momento Vicario Auxiliar y encargado temporal de la Prelatura del Opus Dei, monseñor Fernando Ocáriz.

Semanas después el prelado en compañía del Vicario General, monseñor Mariano Fazio, fue recibido por el Papa Francisco.

Entonces, el prelado le agradeció al Papa la cercanía que le manifestó por el fallecimiento de Monseñor. Javier Echevarría, sus oraciones por el Congreso Electivo, y la confirmación como nuevo Prelado.

A su vez, monseñor Ocáriz le transmitió la unanimidad de unión de todos los fieles de la Obra con el Santo Padre, y le ilustró sobre las prioridades pastorales que el Congreso ha definido para los próximos años: familia, juventud y sensibilidad activa por las personas más necesitadas.

El Papa Francisco agradeció la labor que la Prelatura realiza en todo el mundo, en especial la atención espiritual a cada persona, el ecumenismo en países de minoría católica y los proyectos sociales de integración. Además, animó al Prelado a dar prioridad a una “periferia”: las clases medias y el mundo profesional e intelectual que se encuentran alejados de Dios.

El Papa Francisco, al dar la bendición al Prelado y al Vicario General, la hizo extensiva a todos los fieles de la Prelatura, y pidió que se rezara por él.

El Opus Dei hoy

En la actualidad -según la web institucional-, forman parte de la Prelatura 90 mil 502 personas, de las que 2 mil 73 son sacerdotes (datos del Anuario Pontificio de 2013). Del total de fieles, alrededor de la mitad son mujeres y la otra mitad varones.

La mayoría de miembros (alrededor de 70%) son mujeres u hombres casados, para quienes la santificación de los deberes familiares forma parte primordial de su vida cristiana. Además, cientos de miles de personas participan en las actividades de formación que ofrece la Prelatura; entre ellas se encuentran numerosos cooperadores, así como cooperadores no católicos e incluso no cristianos. En la actualidad, la labor pastoral del Opus Dei se realiza de modo estable en 69 países.

La Curia prelaticia tiene su sede central en Viale Bruno Buozzi 73, 00197, Roma, Italia.

En México el Opus cuenta con miles de seguidores…¡Felicidades por esos 90 años….!

Entrevista con Fernando Ocáriz

El vaticanólogo Andrés Beltramo le realiza una entrevista para la web Vatican Insider. Retomamos algunas preguntas y respuestas…

¿Cuál es el “estado de salud” del Opus Dei, al cumplirse estos 90 años?  

-Doy gracias a Dios por todos los católicos que, con la gracia de Dios, responden libremente, cada día, a la vocación cristiana. Y entre ellos, hombres y mujeres del Opus Dei, o que participan en los apostolados que la Obra realiza. Los viajes pastorales que hice este verano a Nigeria, Argentina, Bolivia y Paraguay me han llevado también a esta consideración agradecida, al ver a tantos jóvenes y mayores que desean enamorarse de Cristo y ser almas de oración en medio del mundo; al contemplar tantas realidades de servicio que han fructificado gracias al mensaje de san Josemaría: escuelas, dispensarios médicos, universidades, etc. …”

Han pasado cinco años desde la elección del Papa Francisco, ¿qué rescata especialmente de este tiempo?  

—Entre otras tantas cosas, su invitación al anuncio del Evangelio a través de lo que alguna vez ha llamado la “santidad de la puerta de al lado”: realizar el propio deber –rezar, trabajar, sacar la casa adelante, atender a la familia, descansar– con la ilusión de que esas tareas, aún en medio de dificultades y sufrimientos, sean camino de encuentro con Dios y de servicio a los demás. La Iglesia es el conjunto de todos los bautizados, cada uno es protagonista de la evangelización. Subrayaría también su insistencia sobre el perdón y la misericordia de Dios, que tuvo un punto álgido en el Jubileo de la Misericordia. Supone un recordatorio constante del amor de Dios por todos los hombres, que percibimos de un modo evidente en el sacramento de la reconciliación. Ningún hombre o mujer, por muchas que hayan sido sus miserias, puede desesperar del perdón de Dios: siempre hay un camino de retorno a Él. Por otro lado, la cercanía del Papa Francisco hacia las personas más vulnerables, apela a todos los cristianos a fomentar esa “cultura del encuentro” tan evangélica.

Desde hace muchos años el Opus Dei tiene presencia en países como China y Rusia, los mismos que el Papa ha colocado entre sus prioridades. ¿Son todavía países “tabú” para la Iglesia?

-En el caso de Rusia, la presencia de la Iglesia Católica es estimada y conocida por la jerarquía Ortodoxa, y existe un deseo de colaboración fraterna, que se ha acentuado tras el encuentro del Papa con el Patriarca de Moscú en 2016. Hay muchos desafíos espirituales y culturales comunes a católicos y ortodoxos, y en los que los fieles del Opus Dei que viven en Rusia trabajan unidos a los demás cristianos: la promoción de la familia, el respeto de la vida, la ayuda a los necesitados, el impulso a los jóvenes para que no tengan miedo de ir contra corriente, el apoyo a los cristianos perseguidos en varias partes del mundo, etc.

Y en el caso de China, ¿Qué derroteros podrían los cristianos transitar en esos lugares?

—Por cuanto se refiere a China, los nuevos acuerdos implican necesariamente nuevos retos, como explicaba el Papa. La Iglesia en China desea vivir su fe y proseguir la obra de evangelización y los pocos fieles de la Obra que trabajan en ese gran país desean contribuir como uno más, aprendiendo de los demás católicos, y aportando el mensaje de la santificación de la vida ordinaria.

Luego de las crisis mediáticas que debió afrontar Opus Dei años atrás, como la del “Código Da Vinci”, ¿siente que ya se ha explicado suficientemente la naturaleza de la prelatura?

—Me parece que, en buena medida, se trata de percepciones del pasado, bastante comunes cuando surge una nueva realidad en la Iglesia. En el caso del Opus Dei, por ejemplo, ha costado explicar la autonomía de sus miembros que, por ser laicos como la mayoría de fieles de la Iglesia, gozan de la misma libertad en sus decisiones vitales, profesionales, intelectuales, políticas, sin que sus puntos de vista o actuaciones representen a la prelatura, como sucede con los fieles de cualquier otra circunscripción eclesial: diócesis, ordinariatos, etc. A medida que se acerca a sus cien años de vida, hay muchísima gente que ha conocido el Opus Dei de modo directo, no solo por habladurías, y que ha podido hacerse un juicio verdadero de la realidad.  

¿Aún existe gente que la considere un grupo cerrado y sectario?  

—Por otro lado, no hay que extrañarse si, de vez en cuando, surgen fenómenos pseudo-literarios o de ficción como el que usted menciona. Creo que a veces no hay otro remedio que responder a estos sucesos con una sonrisa y trabajando pacientemente para que emerja la verdad. La caricatura del Opus Dei estaba tan lejos de la realidad, que era casi cómica. Considerando todo esto con perspectiva de años, puedo decir que tal vez sirvió para acumular experiencia sobre cómo darse a conocer mejor, con una audiencia mucho más amplia de lo habitual. Y en este sentido, doy gracias a Dios por los miles de personas que se han acercado a la Iglesia a través de esta aparente contradicción. Desde la perspectiva de la fe, la crítica y la oposición siempre han estimulado a los cristianos a un mayor espíritu de oración, de humildad y al deseo de compartir con los demás la alegría de una vida según el evangelio.  

¿Cómo ve el futuro del Opus Dei?

—Mi deseo para el futuro es que, fieles al carisma de san Josemaría, todos en el Opus Dei nos dejemos guiar por el Espíritu Santo para un renovado impulso evangelizador. Se trata de llevar el calor de Jesucristo a muchos amigos, familiares, colegas, vecinos, conocidos. Lo esencial de este impulso evangelizador no es poner en marcha nuevas actividades o instituciones como las ya existentes, y que son en sí mismas algo muy bueno y positivo, sino fomentar la amistad personal, la apertura a todos y el espíritu de servicio, actitudes profundamente evangélicas que resultan fundamentales para el apostolado cristiano y que, al mismo tiempo, son compatibles con los defectos y debilidades que todos tenemos. 

Hasta ahí la entrevista..

Alegría

El Prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, recuerda en su carta mensual el 90 aniversario de la fundación del Opus Dei que se celebra hoy 2 de octubre. “La alegría con que celebramos este aniversario es, a la vez, acción de gracias a Dios, que enriquece continuamente a su Iglesia con dones y carismas”, asegura el prelado en su misiva…

También recuerda que el 2 de octubre de 1928, “ante nuestro padre (San Josemaría Escrivá) se abría un panorama inmenso: cooperar a la reconciliación del mundo entero con Dios, a través del trabajo profesional y de las demás circunstancias de la vida ordinaria”.

Además anima a considerar “la primacía de Dios” porque, según apunta, “es Él quien fundó su Obra, y quien la sigue llevando adelante”.
Aquí la carta del prelado (1 octubre 2018)

En el 90 aniversario de la fundación del Opus Dei, el prelado invita a valorar los dones de Dios y a darle gracias.

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!

Mañana se cumplen 90 años desde el 2 de octubre de 1928:«Ese día el Señor fundó su Obra, suscitó el Opus Dei» (Apuntes íntimos, n. 306), escribió san Josemaría poco tiempo después. La alegría con que celebramos este aniversario es, a la vez, acción de gracias a Dios, que enriquece continuamente a su Iglesia con dones y carismas: «Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia» (Sal 118,1). Ante nuestro Padre se abría un panorama inmenso: cooperar a la reconciliación del mundo entero con Dios, a través del trabajo profesional y de las demás circunstancias de la vida ordinaria.

Consideremos la primacía de Dios: es Él quien fundó su Obra, y quien la sigue llevando adelante. Como en toda la Iglesia, se cumplen las palabras del Evangelio: «El Reino de Dios viene a ser como un hombre que echa la semilla sobre la tierra, y, duerma o vele noche y día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo. Porque la tierra produce fruto ella sola: primero hierba, después espiga y por fin trigo maduro en la espiga»

(Mc 4,26-28). San Josemaría puso lo que estaba de su parte: una oración intensa, una lucha interior decidida y una infatigable iniciativa apostólica. Sin embargo, tuvo siempre la convicción de que toda esa fuerza que lo impulsaba a servir a las almas venía de Dios: «Te agradezco, Señor, que hayas procurado que yo comprenda, de manera evidente, que todo es tuyo: las flores y los frutos, el árbol y las hojas, y esa agua clara que salta hasta la vida eterna. Gratias tibi, Deus!» (En diálogo con el Señor, p. 308).La primacía de la gracia de Dios es igualmente real en toda vida cristiana, en la vida de cada una y de cada uno.

Además de considerar el don de Dios, renovemos nuestro agradecimiento porque ha querido contar con nosotros para hacernos colaboradores suyos (cfr. 2 Cor 6,1), a pesar de nuestra poquedad. A veces puede parecernos que, en realidad, nuestro papel en los planes de Dios es irrelevante; sin embargo, Él se toma en serio nuestra libertad, y cuenta verdaderamente con nosotros. Pensemos en aquel muchacho que supo poner lo poco que tenía –cinco panes y dos peces– en las manos de Jesús: a partir de ese gesto de generosidad, Cristo dio a comer a una multitud (cfr. Jn 6,1-13). Dios cuenta también con nuestra correspondencia diaria, hecha de cosas pequeñas que se engrandecen por la fuerza de su gracia. Y así, dedicamos nuestros mejores esfuerzos a buscarle en nuestro trabajo, a servir a las personas que nos rodean, procurando mirarlas y amarlas como Él, a hacer presente en el mundo, de mil maneras distintas, la luz y el calor que ha puesto en nuestros corazones. Todo eso es nuestra pequeña colaboración de hijos, de la que se sirve nuestro Padre Dios para obrar maravillas en las almas.

En breve comenzará el Sínodo sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Sigamos rezando, pidiendo luces e impulso para que el mensaje de Jesús continúe llegando a muchos chicos y chicas, y se decidan a seguirle generosamente por los distintos caminos que existen en la Iglesia. La cercanía de este evento eclesial con el aniversario de la Obra nos puede ayudar a ver nuestra propia personal vocación con una renovada ilusión, propia de un corazón joven y enamorado. Nuestro Fundador no perdió nunca esa juventud de alma. Pasó por muchas contrariedades y sufrimientos, sin embargo se mantuvo siempre joven por su amor al Señor. Nos manifestaba así el secreto de su vitalidad: «Al rezar al pie del altar al Dios que llena de alegría mi juventud (Sal 43,4), me siento muy joven y sé que nunca llegaré a considerarme viejo; porque, si permanezco fiel a mi Dios, el Amor me vivificará continuamente: se renovará, como la del águila, mi juventud (Cfr. Sal 103,5)» (Amigos de Dios, n. 31). Si permanecemos unidos al Señor, seremos siempre jóvenes, y Él seguirá haciendo la Obra, siempre antigua y siempre nueva, en los diferentes lugares, culturas y tiempos.

Para una vida humana, noventa años son muchos; en cambio para la Obra son ciertamente pocos. Seguimos en los comienzos: que esto nos sirva como un recuerdo del don que hemos recibido y de la hermosa misión que Cristo ha puesto en nuestras manos.

No dejéis de acompañarme con vuestra oración y, sobre todo, acompañemos estos días al Santo Padre para ir todos juntos a Jesús por María.

Con todo cariño os bendice
vuestro Padre

Roma, 1 de octubre de 2018

¿Quién es el Prelado de la obra?

Monseñor Fernando Ocáriz nació en París, el 27 de octubre de 1944…

Es licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona (1966) y en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense (1969); obtuvo el doctorado en Teología, en 1971, en la Universidad de Navarra.

Ese mismo año de 1971 fue ordenado sacerdote; en sus primeros años como presbítero se dedicó especialmente a la pastoral juvenil y universitaria.

Ha sido consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe (desde 1986) y de otros dos organismos de la Curia romana: Congregación para el Clero (2003) y Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización (2011).

En 1989 ingresó en la Pontificia Academia Teológica. En la década de los ochenta, fue uno de los profesores que iniciaron la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma), donde fue profesor ordinario (ahora emérito) de Teología Fundamental.

Acompañó durante muchos años al prelado Javier Echevarría, en sus visitas pastorales a más de 70 naciones. En los años 60, siendo estudiante de Teología, convivió en Roma con san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

Entre sus publicaciones teológicas destacan libros sobre cristología, como The mystery of Jesus Christ: a Christology and Soteriology textbook; Hijos de Dios en Cristo. Introducción a una teología de la participación sobrenatural. Otros volúmenes tratan temas de índole teológica y filosófica como Amar con obras: a Dios y a los hombres; Naturaleza, gracia y gloria, con prefacio del cardenal Ratzinger. En 2013 se publicó un libro entrevista de Rafael Serrano bajo el título Sobre Dios, la Iglesia y el mundo. Entres sus obras hay dos estudios de filosofía: El marxismo: teoría y práctica de una revolución.

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