En la audiencia general del miércoles, el Papa Francisco repasó su viaje reciente a Irlanda con motivo del Encuentro Mundial de las Familia y recordó el dolor por los casos de abusos sexuales.

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Muy tranquilo se le vio en la audiencia, se percibe que ha dormido bien, que en nada le afectó la perversa carta que dio a conocer el ex nuncio Carlo Maria Viganò, el hombre que los desafió y le pidió la renuncia, algo insólito en la historia del papado.

Reconoció de entrada que la Iglesia Católica no supo enfrentar de forma adecuada el escándalo de abusos sexuales. “Mi visita a Irlanda, además de la gran alegría, tenía que hacerse cargo del dolor y de la amargura por los sufrimientos causados en el país por los varios tipos de abuso, también por parte de miembros de la Iglesia, y por el hecho de que las autoridades eclesiásticas en el pasado no hayan sabido afrontar de manera adecuada estos crímenes”.

Las miles de familias –esposos, abuelos, hijos– reunidas en Dublín, con toda la variedad de idiomas, culturas y experiencias fueron signos elocuentes de la belleza del sueño de Dios para toda la familia humana, dijo el Papa.

“El sueño de Dios es la unidad, la armonía y la paz, fruto de la fidelidad, el perdón y la reconciliación que nos ha dado en Cristo. Él llama a las familias a participar de este sueño y a hacer del mundo un hogar donde nadie esté solo, no querido o excluido”. Por lo tanto, afirmó el Papa, el tema de este Encuentro Mundial fue muy apropiado: “El Evangelio de la Familia, alegría para el mundo”.

En su segundo día de visita a Irlanda, Francisco peregrinó la mañana del domingo 26 de agosto al Santuario Mariano de Knock, tan querido por el pueblo irlandés. “Allí, en la capilla construida en el lugar de una aparición de la Virgen confié a su protección materna a todas las familias, especialmente a las de Irlanda. Y aunque mi viaje no incluyó una visita a Irlanda del Norte, dirigí un cordial saludo a su pueblo y alenté el proceso de reconciliación, pacificación, amistad y cooperación ecuménica”, subrayó.

Agregó: “Mi visita a Irlanda, además de la gran alegría, también tuvo que asumir el dolor y la amargura del sufrimiento causado en ese país por las diversas formas de abuso, incluso por parte de miembros de la Iglesia, y el hecho de que las autoridades eclesiásticas en el pasado no hemos sido capaces de afrontar de forma adecuada estos crímenes”.

El Obispo de Roma opinó que “el encuentro con los sobrevivientes ha dejado un signo profundo y en varias ocasiones he pedido perdón al Señor por estos pecados, por el escándalo y el sentido de traición causados… he implorado a la Virgen para que interceda por la curación de las víctimas y nos dé la fuerza de perseguir con firmeza la verdad y la justicia”.

Agradeció la atención a las autoridades del país y dijo que “los testimonios de amor conyugal dados por los matrimonios de cada edad han recordado que el amor del matrimonio es un especial don de Dios que hay que cultivar cada día en la Iglesia doméstica que es la familia”.

El mensaje

Queridos hermanos y hermanas:

El fin de semana pasado estuve en Irlanda para participar en el Encuentro Mundial de las Familias, que tenía como lema: “El Evangelio de la familia, alegría para el mundo”. Deseaba animar a las familias cristianas en su vocación para ser transmisoras de la alegría y la fecundidad del amor de Dios en medio de la sociedad y del mundo.

Pude encontrar a muchas personas y familias en Dublín y en el Santuario Mariano de Knock. Las experiencias que ellas compartieron fueron enriquecedoras y luminosas. Manifestaron que el amor vivido en el matrimonio es un don de Dios que debe cultivarse cada día con el diálogo, con el tiempo que pasan juntos, con la ternura. Es importante también la comunicación entre las generaciones y el rol de los abuelos en consolidar los lazos familiares y en la transmisión de la fe.

Por otra parte, experimenté el sufrimiento de tantas personas por los abusos a menores perpetrados por miembros de la Iglesia y por no haber sido afrontados debidamente. Varias veces, y especialmente en Knock, pedí perdón al Señor por esas acciones, y pedí la intercesión de la Virgen para que conceda la gracia de la sanación a las víctimas y nos dé la fuerza para perseguir con firmeza la verdad y la justicia, pudiendo así renovar la Iglesia en Irlanda y en todo el mundo.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española venidos de España y Latinoamérica.

Los animo a que sigan adelante en su compromiso cristiano, sin desfallecer, sosteniéndose unos a otros. Y les pido que recen por las familias y también por los sacerdotes para que cada uno en su estado de vida sea, en medio de la sociedad, un testigo valiente de la alegría del evangelio y fermento de bondad y de santidad.

Que Dios los bendiga.

Muchas gracias.

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