La mañana del lunes 4 de marzo el Papa Francisco recibió en audiencia a los superiores, empleados y colaboradores del Archivo Secreto Vaticano, ante quienes anunció que decidió abrir los Archivos Vaticanos del pontificado de Pío XII, pero que lo hará hasta 2 de marzo de 2020, exactamente un año después del 80 aniversario de la elección al Solio de Pedro de Eugenio Pacelli.

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Eugenio Pacelli, más conocido como Pio XI, fue injustamente criticado en la historia ya que sin haberse dado una investigación profunda de su pontificado se le generó una ¨leyenda negra” plasmada primero en la obra teatral “El vicario” del escritor y dramaturgo alemán Rolph Hochhuth, donde insinúa que Pío XII fue indiferente a la exterminación de judíos en la Segunda Guerra Mundial…

Y años después, en 1999, vino el best seller “El Papa de Hitler”, del británico John Cornwell, que acusó a Pío XII -que fue nuncio en Berlín- de haber callado frente a la matanza de judíos.

Pero la Santa Sede siempre ha defendido a Pío XII -de hecho, abrió un proceso de beatificación, por el cual alcanzó el escalón de “siervo de Dios-, sosteniendo que salvó a miles de judíos, escondiendo algunos incluso en la residencia veraniega de Castelgandolfo.

Hace años Benedicto XVI defendió y elogió la figura del Papa Pacelli en más de una oportunidad y una vez hasta citó una famosa carta de pésame escrita por Golda Meir en ocasión de su muerte, que destacaba cómo “durante los diez años de terror nazi su voz se levantó en favor de las víctimas”.

En su mensaje del 4 de marzo el papa Francisco aludió a las controversias al destacar que “la figura de este Pontífice, que se encontró a conducir la Barca de Pedro en un momento entre los más tristes y oscuros del siglo XX, desgarrado por el último conflicto mundial, ya ha sido indagada y estudiada, a veces discutida y hasta criticada, podríamos decir con algún prejuicio y exageración”.

Destacó que “hoy ha sido oportunamente revalorizada y puesta en la justa luz por sus poliédricas cualidades: pastorales, ante todo, pero también teológicas, ascéticas, diplomáticas”.

Bergoglio subrayó que la Iglesia no tiene miedo de la historia, al contrario, la ama y le gustaría amarla más y mejor, ¡como Dios la ama! “Por eso, con la misma confianza de mis predecesores, abro y confío a los investigadores este patrimonio documental….”

Reacciones

El anunció ha generado polémica, por lo pronto el embajador de Hungría ante la Santa Sede, Eduard Habsburg, lanzó un desafío a quienes dicen que el fallecido pontífice es el “Papa de Hitler”.

“Tratando de imaginar el shock de algunas personas cuando sepan que Pío XII no fue el ‘Papa de Hitler’ sino que en realidad salvó a miles de judíos”, escribió el diplomático en su cuenta de Twitter.

El tuit de Habsburg recuerda el libro de John Cornwell, que reforzó la leyenda negra, según la cual Pacelli habría sido antisemita y cómplice de los nazis durante la ocupación alemana de Italia en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, en 2010 el historiador judío nacido en Praga, Saul Friedländer, rechazó en entrevista con el semanario Le Point que califiquen a Pío XII como el “Papa de Hitler”.

El historiador recordó la aversión de Pacelli por el nazismo y su colaboración en la encíclica Mit brennender Sorge, de Pío XI, que deplora la ideología nazi.

Asimismo, en un artículo escrito en 2007 un ex espía rumano de la KGB, Ion Mihai Pacepa, dijo al National Review Online que el Kremlin y la inteligencia rusa diseñaron un plan llamado “Operation Seat 12” para destruir la autoridad moral de la Iglesia Católica en la década de 1960.

El exespía relató que la KGB “quería presentarlo como un antisemita que había alentado el holocausto de Hitler”. Para lograrlo le pidieron modificar algunos documentos originales del Vaticano, ninguno de los cuales incriminaba a Pío XII.

La desinformación de Pacepa habría servido para realizar en 1968 la pieza teatral de Rolf Hochhuth “El Vicario”, que se tradujo a 20 idiomas y se convirtió años más tarde en la famosa película “Amen”, del director Costa Gavras, cuyo afiche es recordado por crear un gran escándalo al juntar la cruz cristiana con la cruz gamada de Hitler.

Otras investigaciones han demostrado que las acusaciones contra el pontífice son parte de una leyenda negra, pues a través de las instituciones de la Iglesia Pío XII ayudó a salvar alrededor de 800 mil judíos.

A eso le apuesta el Papa Francisco al abrir los archivos a que se sepa toda la verdad sobre la actuación de la Iglesia durante el pontificado de Pío XII.

“Asumo esta decisión después de escuchar el parecer de mis colaboradores más cercanos, con ánimo sereno y confiado, seguro de que la investigación histórica seria y objetiva podrá evaluar, en su justa luz, con la crítica apropiada, los momentos de exaltación de aquel pontífice y, sin duda, también los momentos de graves dificultades, de decisiones atormentadas, de prudencia humana y cristiana, que a algunos podrían haber parecido reticencia y que, en cambio, fueron intentos, humanamente también muy combatidos, por mantener encendida durante los períodos de la oscuridad más intensa y de crueldad la llama de las iniciativas humanitarias, de la diplomacia oculta pero activa, de la esperanza en las posibles buenas aperturas de los corazones.”

“¿Qué tan importante es hacer públicos estos documentos?”, le preguntan a Andrea Riccardi, uno de los mayores expertos sobre la vida del papa Pacelli. (en un texto publicado en la edición del periódico italiano La Stampa).

-La decisión del Papa es muy positiva. Existía la hipótesis de abrir el archivo hasta 1945, pero yo estaba completamente en contra, porque se necesita todo el Pontificado, tal y como ha establecido Francisco.

¿Qué le parece la expectativa de la apertura del archivo?

-Hay demasiado temor por lo que contienen los documentos. Es más, la discronía entre el trabajo de los historiadores contemporáneos y la apertura de los archivos no ha ayudado a la Santa Sede, porque se ha trabajado con documentos secundarios.

-¿Qué debe temer la Iglesia?

-Nada, claro. Con Pío XII nos encontramos ante un problema muy particular: la cuestión de la guerra y de los silencios frente a las atrocidades nazis, a la Shoah. Pero estoy convencido de que la imagen que surgirá dará la historia concreta, la percepción de los protagonistas de estos eventos y explicará los motivos de las decisiones. Por lo demás Pablo VI desde 1965 comenzó con la publicación de las “Actas y documentos de la Santa Sede sobre el periodo de la II Guerra Mundial”, por lo que ya hemos tenido una probadita de lo que podrán contener los documentos.

¿Cuáles son los textos que está usted esperando?

-Los documentos sobre los nueve meses de ocupación alemana en Roma. Porque en esa época el Vaticano y Pío XII tuvieron un gran papel, en el sentido de que ayudaron a miles de personas, hebreas y no, a ocultarse, y este hecho fue decisivo en la historia de Roma. En cierto sentido, hicieron un “juego” con el comando alemán, tranquilizándolo y, por otra parte, transformaron todos los espacios religiosos en un lugar de asilo. Y fue un juego no solo generoso, sino también inteligente».

Pacelli nació en Roma en 1876 y se convirtió en Papa en 1939, los primeros años de su Pontificado estuvieron marcados por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Veinte oficiales del Archivo Vaticano, dirigidos por monseñor Sergio Pagano, prefecto del Archivo secreto se encargaron durante 13 años de ordenar millones de páginas…

“La verdad os hará libres”. Bienvenida la transparencia del Papa Francisco.
Seguramente habrá muchas reacciones e información.

Discurso del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas,

Os doy la bienvenida, grato de recibiros. Agradezco al obispo José Tolentino de Mendonça las amables palabras de saludo que me ha dirigido en nombre de todos vosotros. Saludo al arzobispo Sergio Pagano, al profesor Paolo Vian, nuevo vice-prefecto, y a vosotros, archivistas, escribanos, asistentes y empleados del Archivos Secreto Vaticano, así como a los profesores de la Escuela Vaticana de Paleografía, Diplomática y Archivos.

La ocasión de vuestra visita – a tan breve distancia de mi encuentro con vosotros y con la Biblioteca Apostólica, el 4 de diciembre pasado –se coloca en el feliz aniversario, justo anteayer, de los ochenta años transcurridos desde la elección a Sumo Pontífice, el 2 de marzo de 1939, del Siervo de Dios Pío XII, de venerada memoria.

La figura de ese Pontífice, que se encontró guiando la Barca de Pedro en uno de los momentos más tristes y oscuros del siglo XX, agitado y en buena parte rasgado por el último conflicto mundial, con el consiguiente período de reorganización de las naciones y de reconstrucción de la posguerra, esta figura ya ha sido indagada y estudiada en muchos aspectos, a veces discutida e incluso criticada (podría decirse con algún prejuicio o exageración). Hoy en día se reevalúa oportunamente y, todavía más, se coloca bajo la luz adecuada por sus cualidades multifacéticas: sobre todo pastorales, pero también teológicas, ascéticas y diplomáticas.

Por deseo del Papa Benedicto XVI, vosotros, superiores y oficiales del Archivo Secreto Vaticano, así como del Archivo Histórico de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano, desde 2006 hasta la fecha estáis trabajando en un proyecto común de inventario y preparación de la abundante documentación producida durante el pontificado de Pío XII, parte de la cual ya hicieron  consultable mis venerables predecesores San Pablo VI y San Juan Pablo II.

Por lo tanto, os doy las gracias, y a través de vosotros a los otros archivistas del Vaticano, por el trabajo paciente y escrupuloso realizado durante los últimos doce años, y que todavía estáis llevando a cabo, para completar la preparación mencionada anteriormente.

El vuestro es un trabajo que se efectúa en silencio y lejos del clamor, cultiva la memoria y, en cierto sentido, me parece que pueda compararse con el cultivo de un árbol majestuoso, cuyas ramas se extienden hacia el cielo, pero cuyas raíces están sólidamente ancladas en la tierra. Si comparamos este árbol con la Iglesia, vemos que tiende hacia el Cielo, donde está nuestra tierra y nuestro último horizonte; las raíces, sin embargo, se hunden en el terreno de la misma Encarnación del Verbo en la historia, en el tiempo. Vosotros, archivistas, con vuestra paciente fatiga, trabajáis en estas raíces y contribuís a mantenerlas vivas, para que también las ramas más verdes y más jóvenes del árbol obtengan la buena savia para su crecimiento en el futuro.

Este constante y no leve esfuerzo, vuestro y de vuestros colegas, me permite hoy, en memoria de ese significativo aniversario, anunciar mi decisión de abrir a la consulta de los investigadores la documentación archivística relacionada con el pontificado de Pío XII, hasta su muerte, en Castelgandolfo el 9 de octubre de 1958.

He decidido que la apertura de los Archivos Vaticanos del pontificado de Pío XII tenga lugar el 2 de marzo de 2020, exactamente un año después del ochenta aniversario de la elección al Solio de Pedro de Eugenio Pacelli.

Asumo esta decisión después de escuchar el parecer de mis colaboradores más cercanos, con ánimo sereno y confiado, seguro de que la investigación histórica seria y objetiva podrá evaluar, en su justa luz, con la crítica apropiada, los momentos de exaltación de aquel pontífice y, sin duda, también los momentos de graves dificultades, de decisiones atormentadas, de prudencia humana y cristiana, que a algunos podrían haber parecido reticencia y que, en cambio, fueron intentos, humanamente también muy combatidos, por mantener encendida durante los períodos de la oscuridad más intensa y de crueldad la llama de las iniciativas humanitarias, de la diplomacia oculta pero activa, de la esperanza en las posibles buenas aperturas de los corazones.

La Iglesia no tiene miedo de la historia, al contrario, la ama y la gustaría amarla más y mejor, ¡como Dios la ama! Por eso, con la misma confianza de mis predecesores, abro y confío a los investigadores este patrimonio documental.

Mientras os agradezco nuevamente el trabajo realizado, os deseo que prosigáis los esfuerzos para brindar asistencia a los investigadores -asistencia científica y material-  y también en la publicación de las fuentes del Papa Pacelli que se consideren importantes, como ya estáis haciendo desde hace algunos años.

Con estos sentimientos, os imparto con afecto mi bendición apostólica y os pido, por favor, que recéis por mí. 

Gracias.

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