El Papa Francisco reprendió este martes 31 de diciembre, visiblemente molesto, a una mujer asiática que le agarró bruscamente de la mano y le empujó hacia ella, mientras saludaba a los fieles en su vista a la plaza de San Pedro; la Gendarmería Vaticana sólo observó los hechos.

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El jesuita trató inmediatamente de zafarse de la mujer y, tras lograrlo, le golpeó la mano en señal de reprimenda, se veía visiblemente irritado, mientras sus agentes de seguridad se acercaban en su ayuda.

El incidente se produjo en la plaza de San Pedro del Vaticano, adonde el pontífice argentino llegó para visitar el árbol y el Portal de Belén instalados durante el periodo navideño.

No hay reacciones de la Santa Sede, empero seguramente el Papa hará las precisiones pertinentes o en silencio ya ofreció disculpas.

No es la primera vez que lo vemos molesto. Hubo un incidente similar en 2016 en su visita a Morelia, Michoacán..

Aquel 16 de febrero, un fiel casi lo tiró al suelo.

¿Cómo fue?

Al concluir el encuentro, al que asistieron 85 mil jóvenes, el Papa Francisco se acercó a ellos, quienes ansiosos querían saludarlo. Mientras le daba un rosario a uno de ellos, el joven lo jaló y provocó que el Papa casi cayera sobre un muchacho con discapacidad, lo que generó su enojo.

Las cámaras de televisión captaron el momento en el que Francisco se molestó con el feligrés y le decía “¿Qué te pasó? ¡No seas egoísta, no seas egoísta!” con gesto firme y sacudiendo la mano, mientras personal de seguridad trataba de protegerlo.

El episodio, visto por los miles de jóvenes en las pantallas gigantes del estadio José María Morelos y Pavón, hizo que una de las animadoras del encuentro pidiera compostura a los asistentes. “Les pedimos muchachos que tengan cuidado. El Papa Francisco nos quiere saludar pero si nos amontonamos difícilmente lo podremos hacer. Tengamos calma y él pasará por nuestro lugar”, agregó.

¿Se enoja el Papa?

¡Sí!

Al respecto, recordaré una anécdota que sucedió al final de 2015, cuando Francisco recibió en audiencia a más de 6 mil niños cantores de coros religiosos de diversos países y bromeó con ellos.

Uno de ellos le preguntó:“¿alguna vez se enoja?”

La respuesta fue:  “Sí, me enojo pero no muerdo. Y recuerdo cuando yo hago enojar. Enojarse hace mal a uno mismo, envenena. Hay gente que tiene el alma amarga, que todas las mañanas se lava los dientes con vinagre”.

Y abundó: “Vivir enojado es una enfermedad. Y el remedio es rezar más”.

Así que, seguramente el Papa reza por esos enojos y en silencio ofrece disculpas.

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