El documento titulado “Varón y mujer los creó para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación” fue elaborado y firmado en febrero de 2019 por la Congregación para la Educación Católica, que dirige el cardenal italiano Giuseppe Versaldi, y su secretario, el arzobispo Angelo Zani —no por el Papa Francisco—, y destinado a enfrentar la “emergencia” de la ideología de género en el ámbito educativo.

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El texto, de 31 páginas y 55 párrafos utiliza, por vez primera el término “poliamoríos”, al reiterar su rechazo a las teorías de género, que incluyen ese tipo de relación, así como la “utopía” de lo neutro.

“La dualidad de la pareja entra también en conflicto con los ‘poliamoríos’ que incluyen a más de dos personas. Por lo tanto, se observa que la duración del vínculo —y su naturaleza vinculante— se estructura como una variable de acuerdo con el deseo contingente de las personas, con consecuencias en el nivel de compartir responsabilidades y obligaciones inherentes a la maternidad y la paternidad”, indica el nuevo documento en el parágrafo número 13.

“Se difunde cada vez más la conciencia de que estamos frente a una verdadera y propia emergencia educativa, en particular en lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad”, dice al principio el documento de la Congregación.

Destaca “la desorientación antropológica” que caracteriza nuestro tiempo y afirma que esto “ha contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural”.

Por lo que “al emprender el camino del diálogo sobre la cuestión del género en la educación, es necesario tener presente la diferencia entre la ideología del género y las diferentes investigaciones sobre el género llevadas a cabo por las ciencias humanas”, se subraya.

El documento resalta, de todos modos, que hay “puntos de encuentro” entre la visión cristiana —que sostiene que solo es posible el amor entre el hombre y la mujer— y las investigaciones sobre género. Uno de ellos es el respeto a cada persona “en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas), pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta”.

El documento plantea también una serie de puntos de encuentro, como “la educación de niños y jóvenes a respetar a cada persona en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas, etcétera) pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta”.

Subraya que “la familia es el lugar natural en donde esta relación de reciprocidad y comunión entre el hombre y la mujer encuentra su plena actuación”.

Hace hincapié en que en la familia “se fundan dos derechos fundamentales que siempre deben ser respaldados y garantizados”.

“El primero es el derecho de la familia a ser reconocida como el principal espacio pedagógico primario para la formación del niño”.

El segundo derecho “es el del niño a crecer en una familia, con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su madurez afectiva. Seguir madurando en relación, en confrontación, con lo que es la masculinidad y la feminidad de un padre y una madre, y así armando su madurez afectiva”.

Los centros educativos católicos —señala el documento en el párrafo 56—, que ofrecen programas de formación afectiva y sexual deben tener en cuenta las diferentes edades de los alumnos, así como dar ayuda en el pleno respeto a cada persona. Esto se puede lograr a través de un camino de acompañamiento discreto y confidencial, con el que también se acoge a quien se encuentran viviendo una situación compleja y dolorosa.

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