Pell podría salir de prisión esta semana, según sus abogados, o en su caso ir a la Corte Suprema. Los días miércoles 5 y jueves 6 de junio se realizarán en Australia las audiencias correspondientes a la apelación del cardenal George Pell, de 77 años, prefecto emérito de la Secretaría de Economía de la Santa Sede, quien se ha declarado inocente tras ser condenado en diciembre de 2018 por abuso sexual de dos menores (en 1996).

El cardenal australiano, quien fue sentenciado en marzo de este año a seis años de cárcel y deberá pasar al menos tres años y ocho meses en prisión por cinco delitos, acudió a la corte con su alzacuellos en su primera aparición pública tras su detención.

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Las vistas de esta semana se refieren “a si estas condenas deben ser revertidas”, dijo la presidenta del Tribunal Supremo del estado de Victoria, Anne Ferguson, quien encabeza un panel de tres jueces.

El abogado Brett Walker ha venido argumentando que la culpabilidad del cardenal no se ha podido demostrar “más allá de toda duda razonable”. También ha señalado que a Pell no se le permitió declararse culpable o inocente frente al jurado, y además se le denegó presentar un video animado –de 19 minutos– en el que se muestran pruebas a su favor.

La defensa ha dividido la apelación en tres temas: i) el primero se refiere a que la decisión unánime del jurado podría haberse generado sin haber llegado al nivel que “va más allá de la duda razonable”, ya que existía evidencia exculpatoria de 20 testigos durante el juicio; ii) el segundo, a la decisión del juez Peter Kidd de excluir un video que los abogados defensores querían presentar. Con esta prueba, indican, se habría probado la inverosimilitud de la narrativa de la víctima, y iii) el tercero tiene que ver con una cuestión procesal, ya que la comparecencia del cardenal no se realizó adecuadamente ante un jurado, algo que la defensa considera una “irregularidad fundamental”.

Si los jueces que dirigen el proceso de apelación aprueban el primer punto sobre la referida injusticia del veredicto del jurado, el cardenal Pell sería liberado, esta misma semana.

Pero si se acepta el segundo o el tercero, lo que sucederá es que se realizará un nuevo juicio, y si los jueces rechazan los tres puntos y ratifican la condena contra el cardenal, sus abogados no intentarán disminuir el tiempo de prisión, pero les quedará la posibilidad de apelar a la Corte Suprema.

La condena de Pell ha suscitado diversas reacciones en Australia, en el Vaticano y el mundo. No hay pruebas contundentes para mantenerlo en la cárcel; uno de los puntos del debate se refiere al hecho de que la condena se basa en el testimonio de una sola víctima.

Además, el abuso por el que se le acusa habría sucedido tras un servicio religioso celebrada un domingo entre agosto y diciembre de 1996, en la sacristía de la Catedral de Melbourne, en un momento en el que el templo y la sacristía habrían estado llenos de gente.

La defensa ha precisado además que, en ese periodo, el cardenal Pell celebró esa misa en dos ocasiones, y en una de ellas (afirman testigos) pudieron ver a Pell públicamente y todo el coro al que pertenecían las víctimas estaba participando en los ensayos para la grabación de un álbum de Navidad.

Silencio en el Vaticano por el Caso Pell

Desde que se anunció la condena del purpurado, la Santa Sede ha evitado pronunciarse públicamente sobre la resolución del caso, aunque ha recordado el derecho del prelado a defenderse. “Esperamos ahora el resultado del recurso de apelación, recordando que Pell ha reiterado su inocencia y tiene el derecho a defenderse hasta la última instancia”, indicó Alessandro Gisotti, director interino de la Oficina de Prensa de la Santa Sede en una declaración el 26 de febrero de este año.

Dos días antes, Pell dejó de ser prefecto de la Secretaría de Economía del Vaticano.

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